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Cuando no tengo tema y aún teniéndolo, creo que ya son conscientes de que casi solo sé hablar de mí. Vanitas vanitatum omnia vanitas. Y eso voy a hacer ahora.

Nunca he sido persona de tomar decisiones; la vida y los demás las han ido tomando siempre por mí. Tampoco me he propuesto nunca grandes metas. Fui un niño rebelde e inconsciente, sin interés en nada más que divertirme y dejarme llevar por el viento que más fuerte soplara en cada momento.

duarteTerminé la EGB con más pena que gloria y muchos números rojos en mis notas. Mis padres decidieron mandarme a hacer Formación Profesional, aunque tampoco es que hubiera más opciones. En lugar del instituto, que es a dónde yo quería ir, pensaron que era mejor un colegio de curas, a ver si me enderezaban e inculcaban en mí un poco de interés en el estudio. Los curas tenían un curioso sistema de discriminación. Tú elegías rama -yo elegí electrónica, que era lo que más me gustaba- pero ellos te hacían unos test que duraban tres días y te mandaban a la rama que les parecía mejor. A mí me tocó instalaciones y líneas eléctricas, eso de poner enchufes y bombillas, pero no era lo que me gustaba. Lo tomas o lo dejas y te vas a otro sitio. Y allí me quedé.

Aquello fue un fracaso estrepitoso. Los curas ponían más interés en los rezos y en las misas, que en enseñarte la profesión.Tras dos años de primer grado de FP y a pesar de mi esfuerzo, no pude pasar al segundo porque al de matemáticas se le metió entre los cuernos suspenderme con un cuatro y medio. Habiendo aprobado las demás asignaturas, no dejarme pasar de grado por una sola era ser un hijo de puta. No le odio porque ya se ha muerto.

Pasé un año en una academia de mecanografía porque mis padres no querían que estuviera a verlas venir; de paso que estudiaba matemáticas aprendía más cosas. Llegué a ser el que más pulsaciones daba escribiendo en una Olivetti ciega. Para lo único que me sirvió fue para, cuando llegó la era de los ordenadores, poder escribir cartas al mismo ritmo que me las dictaban. Tampoco es que fuera un gran mérito.

Me presenté por libre al examen de matemáticas y lo aprobé por misericordia. Luego dicen que no existen los milagros.

A estas alturas -andaba ya por los dieciséis años- seguía sin saber qué hacer de mi vida. No tenía aspiraciones y me importaba todo un carajo. Otra vez decidieron por mí, que me daba igual todo, y empecé, ya en el instituto, el segundo grado de FP. Tardé cuatro años en hacer tres cursos, que otra vez no acabé por una sola asignatura. Ya me habían llamado a filas y tras dos o tres prórrogas por estudios, decidí no pedir más y sacarme la mili de encima de una vez.

La vida seguía tomando las decisiones por mí. La mili -un mes en Vitoria y once en Burgos- daría para dos o tres filípicas como esta. Pero no se asusten no se la voy a contar ahora; a lo mejor no se la cuento nunca.

El resto, todo lo siguiente a mi vuelta a la vida civil, se lo contaré mañana; u otro día que esté inspirado. Por hoy creo que ya es suficiente y dudo que nadie soporte este tocho hasta el final.

Tengan ustedes buenas noches.

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