logosecundario2

Tanta negativa, tanto insistir en que no podía conducir, tanta historia, tanta histeria, que hasta yo mismo me había convencido de ello. He desperdiciado el verano durmiendo, dando siempre el mismo paseo, por la misma calle, viendo a la misma gente, aburriéndome de todo y de todos... Un verano que puede ser el último, aunque deseo que no.

salceda1Esta tarde, en contra de todo y de todos, incluso de mí, y en compañía de mi hija, que parece que es la única que confía en su padre, he sacado el coche a la calle para ponerle gasolina, pues estaba en la reserva. Se lo he prestado a tanta gente, a veces solo por capricho -es que el mío anda poco, decían, y así te lo muevo para que no se estropee-, que me lo he encontrado lleno de rayaduras, golpes, un retrovisor roto y el embrague, que trabaja mucho más abajo que antes. Tampoco funciona la radio, pero eso ya me lo habían dicho.

He tenido coches que he entregado con trescientos mil kilómetros y el embrague que traían de fábrica. Y ahora me siento incómodo en el mío porque los pedales no trabajan a la misma altura; o me acerco mucho para usar bien unos, o me alejo y uso mal los otros. Y no me ha encogido ninguna pierna, siguen midiendo las dos lo mismo.

Al final, como lo de echar gasolina era una excusa, empezamos a rodar un poco y entre risas e historias -me encanta hablar con mi hija-, acabamos en Salceda de Caselas. Paseamos por el parque, vimos los patos y los cisnes, visitamos las jaulas de los pavos, loros, cotorras, periquitos y otros pájaros de colores y, ya cansado de andar -conducir, sin embargo, no me cansa- nos volvimos a casa. Todavía paramos en Alcampo para comprar algunos vicios.

Ciento y pico largos kilómetros, hicimos. Sin matar a nadie ni salirme de la carretera ni saltarme rotondas ni semáforos. Y sobre todo, sin subirme a ningún bordillo.

Ahora que se atropellan las semanas,
fugaces, como estrellas de Bagdad, 
ahora que, casi siempre, tengo ganas 
de trepar a tu ventana 
y quitarme el antifaz.

Ahora que los sentidos sienten sin miedo. 
Ahora que me despido pero me quedo. 
Ahora que tocan los ojos, que miran las bocas, 
que gritan los dedos...

Ahora me arrepiento de no haberme decidido en primavera; de dejarme convencer, de no confiar en mí mismo, de no saber que sabía conducir como siempre. De haber derrochado un verano tan valioso como este. De haber sucumbido a la cobardía y al miedo de vivir la vida sin miedo, de disfrutar lo que quede de ella, de darme a los vicios y caprichos que me hagan sentir vivo el tiempo que me quede.

No hagan como yo, no se dejen convencer, vivan, disfruten, el mundo está ahí para nosotros. Pero no va a estar siempre.

Háganme caso, no sean tan idiotas como yo.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

0
0
0
s2smodern

comentarios