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Estos días me estoy levantando tarde, muy tarde. Me siento vago, más que de costumbre, y sin ganas de nada menos de ti. Ayer me sacaron de la cama a las tres para comer.

No sé si esto es bueno o malo, si madrugo, antes del mediodía me vuelve a entrar el sueño y me quedo frito en el sofá. Los días se hacen demasiado largos si los pasas en vigilia, es como estar esperando siempre a que esa espada de Damocles que pende sobre mi cabeza, caiga en cualquier momento. Eso no es vivir. Al menos no es vivir tranquilo, aunque trate de obviarlo y los psicofármacos me alejen de los malos pensamientos. Pero a veces no puedes evitarlos.

He tenido sueños extraños que no les voy a contar porque, como otras veces, ni yo mismo los comprendo. Son raros, sin sentido, y en ellos se suceden escenarios y situaciones contrarias o incoherentes. Prefiero aquellos que entiendo o que vienen dados por lo que ha ocurrido durante el día. O cuando interfiere mi padre, por lo menos son más familiares.

El día está soleado, con un viento desagradable y frío; al sol se está bien, pero en cuanto coges una sombra estás deseando salir de ella. A pesar de todo lo anterior, de mi vagancia, de este tiempo mediopensionista, lo que no perdono son mis paseos. Una horita diaria por las tardes y luego un rato en la terraza del bar con la señora y las niñas. Necesito coger el coche e ir a algún otro lado, por aquí me cruzo siempre con la misma gente y me aburre ir saludando a unos y a otros.

Puestos a hablar de temas inconexos, mi muro del FB está más vacío que el desierto; solo veo pelusas cruzándolo, pero poca conversación interesante. Se ve que mucha crisis, pero aquí se ha ido de vacaciones hasta el cura.

Buenos días. Aquí aún no hemos comido.

decrepitud

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