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Dicen los médicos que entre un parto y un cólico nefrítico con la correspondiente expulsión de un cálculo renal, los dolores que sufre el paciente son similares. Yo, que he pasado por ambas cosas -lo de parir, en carnes ajenas-, diría que el dolor de un parto es mucho peor.

piedraHombre, parir, no he parido, ya se lo imaginarán, sería famoso a estas alturas, pero he estado dos veces con mi mujer en el paritorio y los gritos que daba eran como los de una cerda a la que estuvieran degollando, y disculpen la comparación. Montó tal escándalo que hasta las enfermeras estaban asustadas. En la sala de espera la gente se preguntaba a quién estarían matando allí dentro. Pero sí he padecido varios cólicos nefríticos, y aunque el dolor me mantuvo días doblado en la cama y no había calmante que hiciera efecto, no grité tanto como ella en los partos. En realidad y a pesar del dolor, creo que no grité nada porque no podía ni hablar, solo retorcerme como un endemoniado. Si no fuera porque soy ateo, habría pedido un exorcista. 

Ayer, después de unos días a medio doblar -con la experiencia o te vas acostumbrando o los conductos urinarios aprenden a dilatarse un poco, parí un pequeño hijo que -y perdonen la crudeza- se acabó atascando ya casi al final del trayecto -es decir, a medio centímetro de la punta de la polla- y que tuve que extraer con muy dolorosos y lentos movimientos, introduciendo un palillo y haciendo palanca. Como cuando sacaban a los niños pegándoles un chupón en la cabeza. Luego les quedaba el cráneo como a Alien.

Fue como operarse uno mismo a corazón abierto, duele que te cagas, porque, además, como verán en la foto del niño que les dejo ahí arriba, es como el meteorito de Armageddon, una superficie irregular toda llena de pinchos.

No sé qué nombre ponerle. De momento la meteré en el bote donde guardo a sus hermanos mayores.

Buenas noches.

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