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orcaSi algo me fastidia de haber perdido el antiguo blog, es que con él se fue un artículo al que yo tenía gran cariño y que me en su día me llevó a los tribunales. A lo mejor alguien tiene una copia impresa por ahí y me la puede hacer llegar. Porque en este país la libertad de expresión no es gratis y hay que pagarla, aunque luego los jueces no ejecuten las sentencias y la cosa se quede ahí. La abogada sí que cobró, tardó, porque yo creo que me estaba dando largas, pero insistí y cobró. No me gusta que nadie trabaje por amor al arte si soy yo quien lo contrata. Amigos sí, pero a vaquiña polo que vale.

Lo malo de opinar es que pierdes amigos; y yo como no sé estar callado cuando pienso que algo es injusto o no está bien, voy y lo digo. Y lo digo aquí, en la calle o delante de un juez si hace falta. Y estos días me ha ocurrido -como a muchos- opinando sobre el derecho a decidir y a votar de un pueblo. A la gente se le llena la boca de democracia y de libertad, pero cuando son otros los que quieren defenderla, se les niega.

banderarusaEso a nivel de calle y de barra de bar -o de muro de Facebook, que viene siendo lo mismo-, en cuanto dices lo que piensas le quitan la correa y el bozal al españolismo que han mamado desde el colegio, se envuelven en la bandera y te lo azuzan a la yugular. Somos de pensamiento único y de neurona desubicada. A nivel político la cosa es peor, pero de eso ya hablé en días anteriores.

Necesito un descanso, ahora mismo tengo demasiados frentes abiertos, incluido el de la salud. Supongo que pasaré unos cuantos días durmiendo veinte horas y levantándome solo para comer y mear.

No les prometo nada, pero si me desvelo igual escribo algo, aunque ganas, la verdad, no me quedan muchas. Porque las relaciones sociales son otro frente irresoluto.

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