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peligro incendioOchenta incendios en un día de octubre; creo que no ha habido tantos en un mes entero de verano. Y los ochenta en una misma provincia. Las casualidades no existen y esto no lo ha producido ni el calor ni el viento ni un pirómano chalado con una cerilla. Cuando las cosas suceden a esta escala, es obvio que obedecen a algún interés, no sé si presupuestario, político o simplemente para justificar contratos y venta de helicópteros -busquen en la prensa los últimos movimientos de la Xunta en cuanto a la lucha contra incendios-. Yo no acuso a nadie, pero me da la impresión de que corren demasiados maletines por algunos despachos. Se huele, igual que el humo de los incendios. 

DMMV7dqX4AE37IVLa ciudad está envuelta en humo, en la calle apenas se respira y el aire es de un color gris obscuro, gris plomo, gris criminal. Pasan los hidroaviones por encima de mi casa cada cinco minutos, los helicópteros también; llueven muxicas y trocitos de hojas quemadas. Caen como si fueran negros copos de nieve. Mañana amanecerá con las calles y los coches sembrados de ceniza.

A estas horas casi parece que es noche.

No soy dado a creer en conspiraciones, pero mucho menos en casualidades; como en todos los crímenes habrá que pensar quién es el que gana más con todo esto, qué gentuza sin escrúpulos ha producido ochenta incendios en una misma noche. Ese será el culpable y debería de  estar en la cárcel. 

Yo lo tengo muy claro. ¿Y ustedes?

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