4. Ojo cuando afirmes para qué sirve exactamente tu producto. Debe dar la impresión de que cura algo, pero no puede ponerlo explícitamente o corres el riego de acabar en la trena. Usa expresiones ambiguas y vagas; di, por ejemplo, que apelmaza los átomos o que diluye la entropía de tus quarks o que purifica el áurea magnética de tu glándula pineal. Y ponlo en negrita.
5. Ahora debes establecer un buena distribución para tu producto. Todos los asentamientos humanos que superan los 1.000 habitantes tienen al menos una de esas tiendas donde se venden productos biológicos junto a remedios homeopáticos (además de tener un tablón de anuncios con carteles fotocopiados de reflexoterapia y yoga para niños). Obviamente, debes colocar tu producto ahí, pero no te limites a eso. Las farmacias son también unos sitios fantásticos para distribuir un engañabobos. Quizá creas que hay una ley que prohíbe vender este tipo de productos en farmacias. Pues, mira, no.

6. Regálale tu producto a unos cuantos famosos. En nuestro país, prácticamente todos los que aparecen en televisión carecen de formación científica, lo cual es una ventaja para ti. Convence a unos cuantos famosos de las bondades terapéuticas de tu producto y garantízales que follarán más (porque, como todo el mundo sabe, cuando se diluye la entropía de los quarks, aumenta la potencia sexual).

7. Cuando alguien te pregunte porqué tu producto no está homologado por el Ministerio de Sanidad (y ten por seguro que alguien te lo preguntará tarde o temprano) respóndele que hay un lobby de presión formado por la industria farmacéutica y la OMS que presiona al Gobierno. Si, a pesar de tu explicación, el listo o lista en cuestión insiste en pedirte explicaciones, responde: “tú eres el típico que cree que el 11-S lo hizo Al Qaeda, ¿verdad?”

8. Los grandes medios de comunicación tienen una sección de ciencia que rellenar, pero carecen de periodistas capaces de diferenciar un brontosaurio del Hubble. Aprovecha esta feliz circunstancia para que publiquen un artículo sobre tu producto.

9. Incluso la gente que no ha ido a la universidad sabe que ahí se concentra alguna gente culta e inteligente. Es importante, por tanto, que presentes tu producto con algún tipo de investigación científica que lo avale y que haya sido llevaba a cabo en un centro universitario. Que no cunda el pánico; tienes dos opciones. La primera y más barata es inventarte la Universidad. Si deseas apoyarlo con imágenes, cómprale una bata blanca a tu cuñado y hazle un foto mirando a cámara. Esto tiene sus riegos, ya que podrías ser acusado de publicidad engañosa, así que te recomiendo una opción algo más cara. En el mundo, particularmente en los países del hemisferio sur, hay multitud de universidades que aceptan dinero por emitir informes con lo que tú les digas. La inversión merecerá la pena y harás un poco menos pobres a un par de familias.

10. Por último, reza para que a esa gran masa analfabeta llamada consumidores no le dé por leer algo de ciencia.

ORIGINAL DE: JOSÉ A. PÉREZ LEDO (www.mimesacojea.com)

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