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Intrépido

Intrépido

 
Martes, 05 Noviembre 2013 17:10

Decepción

 

Cobardía (Anuska) de Los Relatos de Ana

Bajé a la playa, con la esperanza de encontrarlo, pero no estaba allí. Sabía cuales eran sus sentimientos y lo había lastimado, pero no era mi intención. Hace mucho tiempo que había detectado su interés hacia mí, aunque jamás hice nada para hacerle entender que no era correspondido, debería haber sido más cortante en determinadas cosas, intentar que él me sintiese distante según para qué. Pero no lo hice, me comporté como siempre, y es que realmente me gustaba su compañía y me divertía mucho con él, aunque no de la manera que Dani pensó, para mi siempre fue un gran amigo, al que eternamente querré mucho, pero solo eso... No puedo darle más, mi amistad debería ser suficiente... Aquella tarde descubrí en sus ojos una mirada diferente, y lo supe, iba a decirme algo importante para él y espantoso para mi, así que ahuequé el ala con cobardía, sin verme capaz de afrontar donde corazon-rotoyo sola me había metido, me acerqué a Luis, sabía que no le caía bien, tal vez por que lo consideró siempre como un rival aún sin serlo, y eché mis brazos a su cuello plantando un enorme beso en aquellos labios sensuales y atractivos. Dani se quedó pasmado, observando aquella imagen, y bajó la vista apenado, se dio la vuelta saliendo del local, y acerté a descubrir un caminar pesaroso y lleno de dolor. Luis que se había quedado sorprendido me robó otro beso, aunque enseguida entendió lo que había ocurrido. Tuve que tragarme una bronca tremenda de Luis, y tenía razón, no eran las maneras, tenía que haber sido valiente y haber hablado con él, enfrentándome a la realidad que yo había tejido, demostrándole que podía contar siempre conmigo para todo, menos para lo que él deseaba, la mejor manera de ayudarlo a superarlo era estar con él, como siempre había estado pero guardando las distancias.
Seguiría buscándolo, necesitaba hacerlo ya que me sentía fatal, quizá me perdonase y pudiese continuar una amistad que con seguridad ahora estaba rota...

Dani lo sabía aunque en alguna parte de su interior, puede que por supervivencia, se negaba a admitirlo; sus deseos y lo que sabía que no era posible llevaban más de un año luchando en su interior, alternándose, ganando unas veces uno y otras el otro, para imponerse con crueldad siempre al final la razón por encima de los sentimientos. Hacía mil cábalas cuando la echaba de menos, cuando llevaba unos días sin verla, imaginaba que ella se dejaría caer en sus brazos si se atrevía a dar el primer paso, fantaseaba con la posibilidad de tenerla y de que fuera suya aunque fuera solo unos instantes, un beso seguido de un no, unas caricias que al menos le dijeran que le quería, una sonrisa cómplice, un abrazo que le dejara sentir el calor de su cuerpo. Se había enamorado de ella, a lo mejor era solo deseo, ni siquiera estaba seguro de qué era aquello que bullía en su interior, pero lo que sí sabía es que la necesitaba cerca. 

Cuando la tenía delante, podía ver en aquellos ojos que para él eran transparentes que en ella no había crecido la misma semilla; y entonces se recogía en su interior y trataba de disimular la tristeza y la frustración, de mostrar normalidad y no dar señales que la asustaran porque mucho más que el rechazo, lo que temía Dani era perder para siempre su amistad, aunque a veces tuviera que esforzarse en reprimir aquel deseo de besarla cuando la tenía tan cerca que su olor le volvía loco.

cuchilloparejaNo era culpa de nadie, simplemente había sucedido; ahora se trataba de saber llevarlo con dignidad, de aceptarlo por ambas partes y quizás de hablar, o a lo mejor simplemente de no hacerlo hasta que sucediera algo que seguramente no iba a suceder nunca. Por eso a Dani le dolió tanto verla besar a Luis, no porque fuera el imbécil de Luis o porque estuviera besando a otro en lugar de a él, sino porque sabía que solo se trababa de un mensaje; pero era un mensaje equivocado, era una traición a la confianza que se tenían porque ella no había sido capaz de confiar en que Dani ya había sabido comprenderla sin que le dijera nada, la había mirado a los ojos, se había asomado tantas veces a su interior buscando respuestas, que no era necesario nada más. Y de serlo, hubiera preferido oírlo de sus labios.

No, a Dani lo que le dolió no fue su rechazo, un rechazo a nada, un no a ninguna pregunta; a Dani le dolió que no hubiera confiado en él, que ella no hubiera sabido que podía decirle cualquier cosa, que él siempre la habría comprendido.

Porque por encima de todo, era su amigo. 

Sábado, 02 Noviembre 2013 02:04

Muerte

Hay algo demoníaco en esta lluvia insolente que se pega al cuerpo y que hace sudar bajo la ropa, una lluvia fina que engaña cuando te acaricia la cara, una lluvia de la que no se puede escapar y que corre siempre más que nosotros, llega antes y nos espera riéndose a carcajadas ante esa estúpida idea que a veces nos asalta y que nos hace creer que podemos evitarla.

Cuando llegué a casa me empapaba una mezcla de lluvia y sudor que traspasaba la ropa y se me pegaba a la piel con una sensación pegajosa que no supe reconocer. Había salido a buscar unos churros, apenas cinco minutos, y no parecía llover tanto, no podía entender cómo me había puesto así. La gabardina, la camisa, los pantalones, habían filtrado el agua como si fueran de papel.

Había algo en aquella lluvia que se había convertido en un líquido pastoso que me impedía desnudarme, se adhería a la piel y a la ropa de una manera extraña; tardé un buen rato en quitarme los pantalones, que ahora pesaban el doble y se empezaban a acartonar, también la camisa estaba tomando una rara textura, volviéndose rígida encima de la cama.

Traté de convencerme de que aquello era una pesadilla, no podía ser real, pero empecé a sentir miedo. Ante el espejo mi cuerpo desnudo reflejaba unas manchas obscuras en las partes más húmedas, en el cuello, en la cara y en las rodillas y los codos; me miré las manos, temblando por el nerviosismo, y solté un grito al ver que se habían ajado hasta parecer las de un anciano, con las uñas amarillas y los huesos deformados como por la artrosis.

Aterrorizado perdí el equilibrio, las piernas dejaron de responderme y caí al suelo; al golpear contra las baldosas del baño noté cómo la sangre salpicaba pero el golpe no había sido tan fuerte. Intenté incorporarme tratando de comprender qué estaba pasando y fue cuando vi que la carne de mis rodillas empezaba a separarse del hueso como carne podrida, descomponiéndose por completo en la parte que había golpeado contra el suelo, que sangraba manchándolo todo. Volví a gritar, ahora fuera de mí, un grito salvaje que no pude escuchar… ¡Dios mío, estaba perdiendo la piel de la cara, las orejas pendían como dos tiras de piel arrancada y sanguinolenta!muerte

No era posible, la lluvia no podía producir aquellas llagas que cubrían ya gran parte de mi cuerpo; estaba durmiendo, sí, estaba sufriendo una pesadilla, tenía que despertar y me concentré en ello con todas mis fuerzas a pesar del dolor que empezaba a atormentarme, un dolor intenso que me volvía loco, como si estuviera siendo torturado con un hierro candente. No, aquel dolor no era posible soñarlo y pensé que si aumentaba un poco más perdería el conocimiento porque no sería capaz de soportarlo.

Quise acercarme a la bañera, tal vez si me sumergía bajo la ducha todo aquel emplasto ardiente en que se había convertido la lluvia desapareciera, pero no podía moverme, todo esfuerzo se convertía en un dolor más agudo, en un trozo de carne que perdía mi cuerpo. Noté un líquido caliente en la boca y la presión de la lengua hinchada que apenas me dejaba respirar; vi algunos dientes en el suelo, ni siquiera los había notado caer, la sangre corría ahora por mi rostro nublándome la vista, traté de limpiarla pero mis manos ya no eran más que dos muñones consumidos por aquella lluvia maldita.

Me agité en el suelo, convulsioné, perdí la noción del tiempo y por mi mente pasó como un relámpago el último beso, el último adiós, la última mirada de Eva, el último café mientras hablábamos, qué ironía, de lo que le gustaba ver la lluvia tras los cristales…

Luego, durante apenas un segundo, desapareció el dolor y me invadió una gran paz… 

Lunes, 28 Octubre 2013 23:37

¿Qué pasa en el CEIP Lope de Vega?

Desde hace algunos meses, casi a finales del curso pasado, algunos padres de alumnos del CEIP Lope de Vega levantaron la liebre de que el dinero que las familias aportaban para la gestión del comedor, que ascendía a 18€ por alumno, no se estaba utilizando adecuadamente. Dicha aportación se hacía de forma obligatoria, ya que el Colegio amenazaba con la pérdida de la plaza de comedor a aquellos que dejaran de pagar la cuota. Esa amenaza consta todavía a día de hoy en la página web del Colegio en la sección de normas del comedor.

circular comedor normas

 

Durante la reunión que en junio el Colegio convoca para todos los padres hubo un intento de pedir explicaciones por parte de una persona, a la que la directora, además de no ofrecer aclaración alguna, hizo callar diciéndole que si no le gustaba el Colegio que se llevara el niño a otro centro. Una respuesta tan vehemente y fuera de lugar debería habernos hecho sospechar, pero en aquel momento los que no habíamos tenido todavía noticias del asunto creíamos a pies juntillas a la directora.

En aquella reunión las pocas explicaciones que se dieron sobre la aportación de aquellos 18€ iban en la dirección de que la Consellería de Educación no aportaba dinero suficiente para dar de comer a todos los alumnos que hacían uso del comedor, por lo que era necesario ese plus; es decir, si la Consellería pagaba la comida de 450 niños, con ese dinero que los padres aportaban podían comer casi otros 100 más. También se dijo que además se dedicaba una parte a reparaciones y mantenimiento de las cocinas, algo que al parecer la Consellería tampoco cubre. Y, cómo no, a que los niños recibieran una mejor alimentación, ya que lo que los presupuestos de la Xunta adjudican por niño y día apenas llegaba para que no se murieran de hambre.

Fue en esa reunión en la que muchos escuchamos por primera vez que la aportación era voluntaria y que se había aprobado por los padres hacía algunos años. Nos sonó raro, las explicaciones eran vagas y venían a decir que era voluntario pero se había acordado que lo pagaran todos, lo cual era un poco contradictorio, pero convencidos como estábamos con las explicaciones que nos acababa de dar la directora, no le dimos mucha importancia e incluso nos pareció un acto de solidaridad muy bonito. 

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Sin embargo más tarde comenzamos a hacernos preguntas, sobre todo cuando vimos que el inicio de curso no iba a ser como el de los años anteriores, con una reunión general con la directora, sino directamente en las aulas con los profesores. La primera fue por qué la dirección del centro evitaba un cara a cara con los padres y omitía cualquier tipo de aclaración sobre el tema.

Cuando las cosas no cuadran es necesario que se aclaren y el centro no parece muy dispuesto a ello. ¿Por qué durante todos los años anteriores a los padres se nos decía que la aportación era obligatoria y que el niño podía perder la plaza de comedor si no se pagaba, y de repente este año se dice que es voluntaria y que siempre lo había sido? Tanto yo como otros padres nos hemos sentido engañados, sobre todo algunos que han tenido que hacer sacrificios en su economía para poder pagar esa cuota. ¿Cómo es que se puede amenazar con la pérdida de plaza si no se paga algo voluntario? ¿Qué historia es esa de que con esa aportación se pueden habilitar medio centenar más de plazas de comedor de las que concede la Xunta? ¿En qué situación, entonces, están ese excedente de niños en cuanto a cobertura legal, seguros de accidentes, etc.? ¿Están ilegalmente en el comedor, sin conocimiento de la Consellería? ¿Por qué, si hay necesidad de más plazas, no se pide una ampliación para que sea la Administración la que cubra esos gastos?

Tampoco parece fundado el argumento de las reparaciones, ya que parece que tales gastos tienen su partida en los presupuestos de mantenimiento del colegio.

Llegados a este punto sin que hayamos recibido las aclaraciones pertinentes, y viendo que en lugar de ello se evitan las reuniones en las que pueda salir a colación el tema, algunos padres no podemos dejar de pensar que algo no funciona bien o que el engaño va más allá de mentirnos diciendo que ese pago era obligatorio. No tenemos datos reales, pero aceptando que solo la mitad de los alumnos que utilizan el comedor esté aportando esos 18€ mensuales, estamos hablando de más de 4.500€ -y con seguridad son muchos más- al mes, 40.000€ al año, que no sabemos realmente en qué se gastan porque no hay unas cuentas públicas que podamos consultar. Todo ello gestionado desde una cuenta bancaria privada y fuera del alcance de la Consellería de Educación. ¿Quién decide en qué se invierte este dinero, quién firma los pagos? ¿Existe algún presupuesto anual con sus partidas correspondientes de ingresos y gastos o se gestiona sobre la marcha según el criterio de no se sabe quién?

Las presuntas irregularidades no quedan ahí, hay más. Todos los años el Concello de Vigo ofrece becas para libros –educación infantil- y comedor –infantil y primaria-, becas que a muchos les han concedido algún año pero cuyo importe no es recibido por los padres, sino directamente por el colegio. La pregunta es obvia, si estamos hablando de una aportación voluntaria, ¿Cómo es que el Concello concede una beca que la cubre? ¿Desde cuándo se beca algo voluntario? ¿Sabe el Concello -Benestar Social- lo que están haciendo y a qué se está destinando esa beca?

No voy a acusar a nadie de nada, si acaso de mentirme cuando me dijeron que tenía que pagar obligatoriamente la cuota de comedor; pero sí me gustaría que el CEIP Lope de Vega o sus administradores dejaran de esconder la cabeza y nos dieran explicaciones y respuestas a todas estas preguntas.

Porque si no lo hacen acabaremos pensando que la cosa es todavía más grave de lo que parece. 

Sábado, 19 Octubre 2013 19:20

Hay que intentarlo, decías cuando pensabas que no eras tú la que inspiraba mis versos y la que robaba mis sueños felices. Hay que intentarlo es una frase que se dice para los demás pero que da miedo cuando es uno el que tiene que decir que no, el que tiene que romper una ilusión con su respuesta.

curlsMe quema la duda, este sentimiento que ni muere ni me mata, irreductible en mis entrañas, que proyecto en mis palabras lanzadas con violencia al viento y que nunca recoges, te rozan, pasan a tu lado y siguen de largo deslizándose por el borde de la coraza con la que te proteges y te aíslas de mí.

Hay que intentarlo, decías cuando pensabas que era otra la que tendría que tomar una decisión, un sí o un no, la culpable de sumirme otra vez en la obscuridad y en el olvido.

Y sin embargo sé que me quieres; a tu manera, guardando esa distancia justa, ignorando mis mensajes y mis gritos que sabes que no tienen más destinatario que tú.

¡Qué difícil es salir de este círculo vicioso, qué difícil es intentarlo cuando sabes que en tu boca no existe la respuesta  que tanto deseo escuchar!

Viernes, 18 Octubre 2013 21:33

Obsesión

Estaba en sus sueños, en todas las esquinas de su casa, lo sentía flotando en el aire a su alrededor cuando, muy despacio y dejándose mojar, disfrutaba de la lluvia fina del otoño; el agua en la cara, la humedad en la piel, el viento agitando sus cabellos, era todo una comunión con la naturaleza que la hacía sentir viva.

dreamDesde que lo conoció se había ido obsesionando poco a poco con él; le gustó el primer día, cuando le saludó en aquella reunión en la que apenas intercambiaron un par de frases. No era guapo, o quizá sí lo era, la belleza es algo tan difícil de valorar y tan relativo que muchas veces son otras cosas las que nos hacen verla en un rostro. Le cautivó su sonrisa sincera, sus dientes imperfectos, la soledad en que vivía dentro de una familia que no compartía con él sus inquietudes y sus ojos que reflejaban la tristeza otoñal y la melancolía del que busca un poco de comprensión y de complicidad.

Se conocieron y se quisieron pero no de la misma manera, se comprendieron y se convirtieron en un apoyo el uno del otro y en confidentes de sus momentos tristes y de sus problemas; mientras hablaban, ella no podía dejar de mirarle, observaba aquellas manos, cada trozo de su piel, y contenía un infinito deseo de besarlo.

Él lo sabía, había notado la atracción que producía en ella, lo podía ver en sus movimientos, en aquellos silencios cuando la sorprendía con la mirada fija en él y con aquella media sonrisa de felicidad. Lo notaba en sus abrazos cuando se despedían o en cómo temblaba con el roce de sus mejillas. Sumergido en una encrucijada, le gustaba sentirse deseado pero al mismo tiempo guardaba la distancia justa que a ella le impidiera avanzar; las cosas estaban bien como estaban y aunque durante aquellos meses había pensado mucho en qué hacer si ella un día traspasaba la línea, no había sido capaz de tomar una decisión y temía que el momento llegara.

Y sabía que tarde o temprano iba a llegar.

Ella era consciente de todo aquello y se estaba acostumbrando a vivir su obsesión en silencio, aunque a veces, demasiadas veces, le podía la pasión y le contaba sus sueños poniendo otros nombres, otras caras, como una manera de comunicarle sus deseos, de tantearlo para que se diera cuenta de que lo quería, de que se moría por tener una aventura con él; y al mismo tiempo temía una respuesta, temblaba ante la posibilidad de que él rompiera su silencio y su paciencia infinita para decirle que ya estaba bien, que aquello no era sano, que dejara de acosarlo porque se sentía incómodo.

Nadaba entre dos aguas, pensaba en él a todas horas y fantaseaba con paseos por lugares solitarios en los que no tenía que esconderse para cogerlo por el talle, paseos en los que él no se defendía y cuando ella, al final, con miedo, aproximaba sus labios mientras le rodeaba el cuello con los brazos, él abría los suyos para recibirla en un beso interminable. Pero la realidad no era aquella y tenía que conformarse con mucho menos, con su compañía, con la excitación que le producía el roce de sus mejillas cuando le daba el beso de los viernes, excitación que luego, con un extraño sentimiento de vergüenza, desahogaba por las noches en la soledad de su cuarto.

Crecía la obsesión y aunque a veces trataba de razonar y se imponía ser consciente de la realidad, cuando volvía a verlo sentía otra vez que aquello que le atenazaba el estómago cuando le miraba a los ojos no era algo tan fácil de sublimar; no se puede razonar con los sentimientos, no se puede permanecer en silencio y sujetarlos dentro de uno porque queman y van minando las vísceras, el estómago, los intestinos, llenando de arena el corazón; la duda duele más que el rechazo y un día de noviembre tomó por fin la decisión de jugárselo todo a una carta.

Hacía una semana que no se veían, llovía demasiado como para ir a ninguna parte; sin excusas para verlo, con su imagen metida en sus sueños y en sus pensamientos, ella había imaginado mil formas de decirle que lo quería, que estaba obsesionada con sus besos, con su cuerpo, con empezar algo íntimo y prohibido que no sabía cómo podría acabar. Saturada y confundida porque sus fantasías acababan unas veces bien y otras mal, le llamó por fin para que la acompañara a hacer unas compras.

Quedaron tarde, planeó quedar tarde y lo llevó a un centro comercial casi a última hora; luego dijo tener hambre y quiso tomar algo. Él la notó nerviosa, le extrañó la hora y la excusa y aunque sospechó que aquello no iba a terminar como siempre, se dejó llevar convencido de que si ella no daba el paso, él tampoco iba a saber nunca cómo iba a reaccionar. Aunque no lo quería reconocer, aunque era más cómodo no complicarse la vida, en el fondo sabía que también sentía cierta atracción por aquella mujer.

Volvieron bajo la lluvia y ella ocultó que llevaba un paraguas en el bolso para así poder cobijarse bajo el de él; se arrimó para sentir su cuerpo y le cogió por el brazo para no separarse al andar, disfrutando de aquellos momentos casi en un éxtasis, sintiendo su calor, mojándose y riéndose al cruzar las calles y los charcos.

Cuando la dejó en casa, ya metidos en el portal, se dijeron que lo habían pasado bien, que aquellos momentos juntos eran impagables. Luego se miraron y se hizo el silencio, ambos sabían lo que iba a ocurrir, ya no podía hacerse el sorprendido y si la iba a rechazar, aquel era el momento.

kissCon lágrimas en las mejillas esperando unas palabras que él no pronunció, acercó sus labios muy despacito y cerró los ojos, temerosa de lo que iba a ocurrir. Y de repente notó los de él en los suyos, húmedos y entreabiertos, y sus brazos rodeándola y apretándola contra sí, primero muy despacio, saboreando sus bocas, sintiendo el calor de sus lenguas aún tímidas; y después de unos minutos, ya desatados y ajenos al mundo, se desató la pasión, perdieron la respiración, sus manos se buscaron bajo la ropa, se recorrieron como dos adolescentes en celo que acabaran de descubrir el sexo. 

- Nos vamos a meter en un lío…

- Creo que sí… 

Martes, 15 Octubre 2013 17:52

María nunca usa perfume

María nunca usa perfume, huele a fresco y a mujer y a sonrisa tímida por las mañanas, cuando sola, espera el bus para ir a la oficina. María roza los cuarenta y le gusta la playa, la cerveza y el cine negro, aquellas películas en las que los malos eran malos y los buenos eran buenos y se llevaban siempre a la chica.

Javier se amodorra en la cama todos los días y se levanta cuando ya el despertador ha sonado tres veces; desayuna de pie y acaba de colocarse la corbata en el espejo del ascensor. Javier vive refugiado en sus sueños porque cuando pisa la realidad no le gusta lo que ve y se le pone un nudo en el estómago y siente ganas de bajarse del mundo.

María sube a un autobús repleto de soledades y en pie se queda siempre cerca de la puerta; sujeta su bolso distraída y se evade mirando por la ventana a esos seres que, cabizbajos, recorren con prisa las aceras camino del trabajo. María piensa en cómo recuperar a ese cliente enfadado y en terminar los gráficos a tiempo para la exposición de resultados de la semana siguiente.

Javier se confunde a veces de línea porque coge el bus sumido en sus pensamientos, soñando todavía con esas vidas irreales en las que se cobija por las noches y que trata de alargar hasta que poco a poco se diluyen en su mente. Historias en las que salva de atropellos a princesas que luego se enamoran de él o en las que fieles esposas rompen sus promesas para llevarlo a un éxtasis de sexo irracional, para luego desaparecer para siempre.

busCuando en un movimiento brusco del bus sus miradas se cruzaron, Javier y María supieron que el otro no era como los demás; fue como si ante aquel contacto visual un rayo hubiera surgido del interior de cada uno y fuera a parar al otro, clavándosele en el estómago con un dolor sordo, como un puñetazo dado sin avisar. Se sonrieron, se pidieron disculpas por haberse sujetado el uno en el otro para no caer al suelo y desviaron sus miradas como si les diera vergüenza entablar una conversación que fuera más allá de las disculpas.

María no recordaba haber visto antes subir al autobús a aquel hombre con el que había tropezado. Canoso, de ojos diminutos, con una decena más que ella de años encima y la absoluta certeza de que no era precisamente un deportista, se preguntaba por qué aquel cruce de miradas le había dicho tanto.

Javier pensó que haber subido al autobús equivocado era una señal, un guiño de ese destino en el que no creía para que su camino se cruzara con el de aquella chica delgada y no por ello frágil que tanto le impactó.

Con la sangre hirviendo se estudiaron de reojo hasta que María llegó a su parada y Javier decidió bajar en la siguiente y volver andando al trabajo. Ella había olvidado las estadísticas y él caminaba pegado al suelo por primera vez en mucho tiempo.

El siguiente día Javier se subió otra vez en el autobús equivocado después haber pasado una noche intranquilo. Madrugó y se colocó bien el nudo de la corbata nueva observándose en el espejo del cuarto de baño; se apuró la barba con más atención que nunca arrancándose aquellos pelos cabrones que se le clavaban en la cara.

María lo vio entrar en el autobús y metió las narices en el libro que se había traído para tener una trinchera en la que resguardarse de las miradas que esperaba de Javier, que pasó por su lado como sin verla, dejando un leve aroma a after shave que María aspiró casi sin disimulo. Javier no era guapo ni alto ni esbelto, pero olía bien y se movía con una armonía encantadora; detrás de su gesto serio y ausente se escondía, adivinaba ella –no, no lo adivinaba, lo sabía-, un ser cariñoso y amable capaz de desvivirse por una mujer si ella sabía corresponderle.

¿Qué nombre tendría ella? Su pelo obscuro y largo le decía que no se podía llamar ni Susana ni Aurora, tampoco Nieves o Eugenia; sus brazos delgados, sus hombros suaves –tenían que ser suaves, eran suaves, ¿Cómo no iban a serlo?-, su cuello largo descartaban nombres como Andrea, Lidia, Carla o Remedios. Ni hablar de Jennifer, Vanessa, Jessica o Vicky, hasta pensarlo le pareció blasfemia. Aquellas piernas perfectas, redondas, a las que no parecía afectar tanto su delgadez, aquel trasero diminuto pero atractivo, sugerían otros nombres, nombres sencillos, nombres cuya sola pronunciación indicaba pureza, sencillez, sensualidad, deseo… Puede que se llamara Eva, la primera mujer, o Rocío… ¿Y si su nombre era Ana? O Alicia o quizás… ¿María?

María observa a Javier a través del reflejo del cristal, Javier mira directamente a María; María, Javier y el cristal forman un triángulo que les permite verse sin mirarse; un pequeño truco de autobús que también es una trampa porque ninguno de los dos sabe que el otro ha puesto sus ojos en él.

María se ha comprado ropa nueva y todos los martes estrena vestido. Hoy, a pesar de que el otoño ha hecho bajar las temperaturas, lleva uno ligero de flores verdes y rosas muy ceñido a la cintura. Los brazos al aire y en la mano una chaqueta de punto que solo se pondrá cuando se baje del autobús.

Javier celebra que hace un mes que se equivocó de autobús; lleva una flor en la solapa y ha cambiado de marca de colonia y lo hará todos los meses a partir de ese día aunque ella no le preste atención, seguramente ni siquiera es consciente de su existencia, un viandante más en un autobús del que suben y bajan decenas de personas a lo largo de unas cuantas paradas. Ese día se bajó una parada antes que María y dejó distraídamente la flor en el asiento situado en la puerta de salida.

María se extrañó de que aquel hombre que nunca se fijaba en ella se hubiera bajado dos paradas antes de lo habitual, pero no quiso hacer cábalas, podían existir cientos de razones, desde que se hubiera equivocado hasta que ese día tuviera que ir a cualquier otro sitio, a Correos, al médico… ¿Y si le esperaba una mujer? No, María había imaginado la vida del desconocido cientos de veces y nunca había mujeres. Vivía solo, estaba segura, puede que fuera soltero… Viudo no, los viudos tienen el semblante más triste y no se saben vestir, tampoco parecía separado, sus ojos no reflejaban la malicia del que ya ha bebido de las fuentes del matrimonio y está otra vez en el mercado. No, pese a su edad estaba soltero. Había tenido novias, unas cuantas mujeres a lo largo de su vida, con alguna de las cuales había llegado a convivir, pero que no habían sabido entenderlo; mujeres que confundían ternura con debilidad, sensibilidad con blandura… Tenía también una vida acomodada, sabía guardar para mañana pero sin privarse de algunos placeres; le gustaba comer, quizá pecaba un poco de ello, y no rechazaba nunca unas copas con los amigos en el bar.

A María le dio un vuelco el corazón cuando, al bajarse del autobús, vio la flor del desconocido en el asiento… ¿La habría perdido, se le habría caído en un vaivén? Nerviosa, la recogió con cuidado y la guardó entre las hojas de su libro.

Javier se compró una camisa y una corbata nueva para ponerse el día en que iba a hacer un año que se equivocó de autobús. María fue a la peluquería, cambió un poco el peinado y se tiñó de un caoba más obscuro que el de costumbre.

eva2Ese día al conductor del autobús le faltaron dos pasajeros. -¡Los tortoliltos!- pensó al darse cuenta de que eran aquellos dos lunáticos que se evitaban mientras él los observaba por el retrovisor. -¿Por fin habrían decidido conocerse?- Era una pena, le hacía gracia verlos siempre ocupando los mismos lugares, nunca uno frente al otro, mirándose alternativamente, disimulando, sin darse cuenta de que el otro también hacía lo mismo…

El día anterior María había sido llamada al despacho del director:

- Voy a colocar la lista de destinos en el tablón, pero quería decírtelo antes. Te vas a la sucursal Este, llevan un año esperando personal nuevo y aguantando con un tipo cedido desde la Central. Preséntate mañana, ya vendrás luego a recoger tus cosas.

Unas horas después había sonado un teléfono:

- Javier, mañana vuelves a tu puesto en la Central, nos mandan personal de la sucursal Norte, la que va a cerrar. Los están repartiendo por toda la ciudad. ¡Estarás encantado, por fin te libras de nosotros!

 

Viernes, 11 Octubre 2013 10:42

Desayuno

Desayuno
con tu ausencia a mi lado
y ese frío
que entra por la ventana.
Ven,
tápame la espalda con tu cuerpo
acércate
y mientras me fundo en tu aroma
dime cosas al oído
que me hagan despertar
de este sueño...
 
 
desayuno
Viernes, 04 Octubre 2013 13:11

María

La maté un lunes por la mañana mientras la besaba.
 
María tenía unos labios inalcanzables que me hacían sufrir; tenía unas piernas y un andar sensual y un pantalón por el que algunas veces asomaban su ropa interior de puntos y una espalda morena que se adivinaba suave y que yo planeaba tocar en cada despedida. El borde de sus labios sabía a mermelada caliente y su olor me embriagaba cada mañana y en cada despedida había un roce inocente que me provocaba escalofríos y torturaba mi imaginación. 
 
La maté un lunes por la mañana mientras la besaba y su sangre era caliente. beso2
 
María tenía otros hombres y una vida en la que no estaba yo. María conocía el amor y el placer, el desengaño y el sufrimiento; venía a mi vida de paseo y sin querer quedarse. María nunca hizo promesas ni insinuaciones, era aséptica y prudente pero yo absorbía todo lo que ella trataba de contener, su sonrisa y su mirada, unos ojos dentro de los que hubiera querido ahogarme y ese gesto de jugar con el cabello... 
 
La maté un lunes por la mañana mientras la besaba y ella se resistía. 
 
María acudía a mis sueños y nunca se lo dije. En ellos se dejaba saborear, me ofrecía sus labios y su calor, consolaba mi llanto con sus abrazos y me decía que no estaba allí. María era la musa de mis novelas y de mis obsesiones, la inspiración que me hizo recuperar las ganas de caminar un poco más y no dejarme caer de una vez en la cuneta. 
 
La esperé donde siempre y delante de todos acerqué mis labios a los suyos. Abrió mucho los ojos, sorprendida e inmóvil durante unos segundos para luego levemente tratar de separarme. Hundí el cuchillo en su vientre, lentamente, y su sangre roja brotó como una fuente, caliente y húmeda hacia mí. Sus piernas temblaron y se agarró a mi cuello como a un salvavidas.
 
Entonces noté su aliento en mi boca, su último aliento. 
 
La maté un lunes por la mañana mientras me abrazaba y todos miraban sin entender nada. 
Jueves, 03 Octubre 2013 12:06

Sueño disuasorio

cama- Sabía que no estaba equivocado y que vendrías conmigo...
- No, ni siquiera se me ha pasado por la cabeza hacer esto contigo.
- Pero estás ahí, en mi cama, fumando...
- Es un sueño.
- Sí, es un sueño, lo había deseado tanto...
- No, quiero decir que es un sueño, que no es real; solo estoy en tu mente. 
- Pero estamos hablando, aunque sea un sueño sabes que me gustas.
- Es tu sueño, no el mío. Yo no sé nada, ahora mismo estoy en mi casa, en mi cama, soñando con gigantes y castillos encantados y caballeros que salvan a las princesas. 
- ¿Yo no estoy en tu sueño? 
- Tú nunca estás en mis sueños, eres un entretenimiento, cuando no te veo ni siquiera recuerdo que existes. 
- Entonces... 
- Entonces eres tonto, hijo. Nunca me vas a tener, para mí no significas nada. 
- Eres cruel, no sé cómo puedes decirme esas cosas con todo lo que te quiero...
- No soy cruel, no soy nada, no estoy diciendo estas cosas. Es tu sueño, eres tú, yo ni siquiera sospecho que existe esta conversación. 
- Entonces...
- ¿Otra vez entonces? Deberías dormir, métete en la cama de una vez. 
- ¿A tu lado? 
- Y dale...
Miércoles, 02 Octubre 2013 21:55

Los extraños premios Liebster

Mi querida amiga Ana, del blog Los relatos de Ana, me ha concedido un premio Liebster, que es algo de lo que yo no había oído hablar hasta hace unos días. Seguro que muchos de ustedes tampoco. ¿Qué es un premio Liebster, se preguntarán? Más que un premio es una cadena de reconocimiento entre blogueros noveles, que va pasando de unos a otros de manera que se vayan dando a conocer dentro de la comunidad. La aceptación de este premio conlleva unas pequeñas normas a seguir, como el nombrar en el blog al que lo haya concedido y otorgar al mismo tiempo otros once premios a otros tantos blogs noveles. 
liebster
Lo más curioso de estos premios es que su origen se pierde en la inmensidad de la red debido a su gran difusión y a la multitud de blogs que los reciben y otorgan, haciendo prácticamente imposible rastrearlo más allá del año 2010. No existe tampoco una página oficial ni un nombre concreto detrás de ellos. Tampoco la Wikipedia hace mención alguna, aunque parece que ya se ha puesto en marcha un grupo de blogueros para crear esa entrada. 
 
Las normas por las que se rije la concesión del premio Liebster son las siguientes:
 
1. Dar las gracias al blog que concede el premio.  
2. Responder once preguntas planteadas por el otorgante. 
3. Conceder once premios a otros tantos blogs con menos de doscientos seguidores. 
4. Informar a los premiados.
5. Plantear once preguntas que deberán responder cuando acepten el premio. 
 
Premio, cadena o lo que sea, tenga el origen que tenga, la finalidad de los Liebster no es otra que interactuar entre blogs y darse a conocer unos a otros, así que vamos a participar en este juego. 
 
Ante todo quiero agradecer a Ana (Los relatos de Ana) el que entre tantos blogs como hay en la red se acordara del mío. Cumplido el punto uno, trataré ahora de contestar a las once preguntas que Ana me plantea:
 
¿Por qué ese nombre para el blog? No lo sé, buscaba algo original fuera de lo clásico "el blog de manolo" o cosas así; lo que pasa es que todo lo que se me ocurría ya existía, así que empecé a escribir frases y me quedé con "Lo que yo decía", que parece que a nadie se le había ocurrido antes. 
 
¿Por qué lo abriste? Al principio fue un blog para plasmar mi opinión sobre el sector de la prensa y los quioscos, que era en el que yo trabajaba. Cuando aquello se acabó decidí mantenerlo y fui añadiendo secciones, política, la ciudad, actualidad y desde que hace unos días Ana me sumergió en el mundo del relato, también una sección dedicada a ello. 
 
¿Algún libro que hayas leido de forma repetida? A veces releo libros que leí en mi juventud pero no podría dar un título concreto, no hay uno especialmente más leido que otros. 
 
¿Tu escritor favorito? Sobre todo me gusta la literatura en castellano, creo que las traducciones hacen que se pierda mucha de la riqueza del estilo original del autor; dentro de los españoles, si tengo que dar un nombre, diría que Camilo José Cela. 
 
¿Qué género literario es el que más te gusta? Me gustan las historias que pueden ser reales, cosas que le pasan a la gente; no soporto enanos, gnomos ni seres imaginarios. 
 
¿Qué escritor no consigue que te sumerjas en su historia? Ninguno en particular, un mismo escritor puede tener novelas sorprendentes y otras intragables. 
 
¿Libro o eBook? De momento libro, no he probado todavía el eBook, aunque por lo que sé, la comodidad y el ahorro en estanterías es importante. Estoy esperando a que me regalen uno para comprobarlo. 
 
¿Un lugar especial para leer? El retrete, con perdón. Es el único lugar de la casa en el que uno puede concentrarse sin que le molesten cada dos minutos. Si estoy solo, cualquier sitio es bueno. 
 
¿Cómo sería para ti la vida sin libros? Me habría leido todos los prospectos de las medicinas, los folletos de propaganda y las etiquetas de los champús. Incluso los menús de los bares. 
 
¿Con qué plato me sorprenderías? Soy muy básico en la cocina, pero creo que con unos macarrones con atún y tomate, unas especias y algo de picante te chuparías los dedos. ¡He dicho los dedos! 
 
¿Qué prenda de vestir no falta en tu armario? Las corbatas. Están siempre allí, rara vez las pongo. Eso sí, cuando me pongo una estoy irresistible... 
 
Bien, hasta aquí la primera parte, espero haber respondido bien a las preguntas y saciado la curiosidad de la que las plantea. Dentro de unos días haremos nosotros la concesión de esos once premios y daremos a conocer las once preguntas que los premiados deberán contestar. 
 
Gracias a todos,

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