En 1810, Vázquez Varela elevó un informe a la Junta del Reino que constituye una de los mejores relatorios de la victoria de Vigo

VA10C1F3 23617Tal vez la mejor crónica autógrafa de la Reconquista nos la ofrece el propio alcalde de Vigo, Francisco Javier Váquez Varela, de quien este año se cumple el 200 aniversario de su muerte en 1818. Nacido en la villa el 8 de junio de 1754, contaba 55 años cuando tuvo que enfrentarse a la ocupación napoleónica, nada más ser elegido para el cargo. La corporación anterior fue destituida y encarcelada bajo la acusación de «afrancesamiento» y Vázquez Varela asumió el bastón de mando. Formado como jurista, llevó a gobernador francés, Antoine Chalot, hasta la desesperación con sus negociaciones y recursos sobre cada aspecto de la ocupación. Y conspiró para enviar armas, municiones y víveres a los campamentos de los rebeldes, mientras ocultaba los alimentos a las tropas francesas. En su relato, comienza Vázquez Varela elogiando «el valeroso esfuerzo de los naturales de este Reyno de Galicia» en la Reconquista de Vigo. Justifica primero la rendición en enero en 1809 por no poder combatir contra el poderoso ejército galo: «Nos vimos sorprendidos en la mañana del mismo treinta y uno de enero por una compañía de húsares en número de ciento trece hombres que intimó la rendición, y admitió el comandante bajo una capitulación que firmó por si mismo, teniendo ya en la plaza al Enemigo, a la que el día siguiente concurrieron mil doscientos hombres de Infantería francesa y a los tres días cuatrocientos cincuenta Dragones». Confirmado como alcalde, Vázquez Varela se propone dificultar el gobierno de Chalot: «Dediqué todos mis incesantes cuidados a contener los excesos de tan cruel enemigo para evitar la destrucción de este hermoso país». Y apoyó luego a los sublevados: «La fermentación de estos fieles naturales determinó sacudir tan insoportable yugo alarmándose el paisanaje de sus contornos por el celo y patriotismo de Don Joaquín Tenreiro, cuyo valeroso espíritu se extendió al asedio de la plaza, que empezó en el día catorce de marzo, y continuó en los siguientes, en términos de acercarse a ella hasta tiro de fusil, matándole mucha gente, infundiendo tanto terror en los titulados invencibles vencedores de Austerlitz y Gena, que solo tres paisanos hacían huir a los fuertes Dragones en número de dieciséis y más, obligándoles a encerrarse en la plaza y reduciéndolos a la mayor miseria». Vázquez Varela reconoce la ayuda británica a la Reconquista, reconociendo que el comandante Chalot se rendirá en la fragata Venus, ante los capitanes McKinley y Coutts Crawford, después de «tratar con los ingleses de dos fragatas de guerra que estaba a la vista, a cuya nación querían únicamente entregarse. En la tarde del 27 de marzo, la gente se arroja sobre las murallas de Vigo, al abrigo de la noche. Mientras “el paisanaje y tropa con el más vivo fuego sostuvieron vigorosamente el espacio de dos horas, tuvo efecto la honorífica capitulación, de entregar la plaza con toda su artillería, municiones, equipajes, armas y demás pertrechos, rindiendo sensible la pérdida de doce hombres muertos y treinta heridos con algunos otros más, en las anteriores acciones entre ellos el prudente valeroso y digno oficial Don Bernardo González, que recibió cuatro balazos de fusil en la arriesgada acción de estar por sí mismo rompiendo una de las puertas de la plaza». El acalde presume del éxito de los vigueses: «Nos queda empero la satisfacción de haberse abatido el orgullo enemigo que entregó mil doscientos trece prisioneros, treinta y nueve cañones de varios calibres, ciento siete cajones de cartuchos de fusil, cincuenta y siete quintales depólvora con más municiones y fuegos artificiales, la caja militar con ciento diez y siete mil francos y todo el equipaje del Mariscal Soult que sirvió de premio a tan valientes Guerreros». «Noticiosos estos al tiempo de la entrega de los Enemigos y su embarque de que estaba ceca un refuerzo de seiscientos hombres fueron a su alcance, los batieron y persiguieron con tanto esfuerzo y denuedo hasta media legua de la plaza de Tuy, que solo lograron entrar en ella diez y seis, haciendo sesenta y dos prisioneros y siendo los restantes víctimas de estos valerosos paisanos», añade. Y se lamenta de la ruina en que ha quedado Vigo y su comarca tras la Reconquista: «La miseria que este Reyno con su consumo destructor y desolador; le hace carecer granos, vestuario, armas, municiones y dinero sólo el heroísmo generoso de S. M. la suprema Junta podrá suministrárselos». La carta la escribe Vázquez Varela cuando está preso, pues fue arrestado un tiempo al ser acusado de «afrancesado», cuando la realidad es que mientras fue alcalde luchó sin descanso para sabotear a los ocupantes. Más tarde sería restituido en su honor, con su nombramiento como Oidor de la Audiencia de Galicia. Y, en 1816, pasaría a ser Alcale de Casa y Corte de Madrid, al tiempo que Consejero del Real Supremo Tribunal de Hacienda, llegando a amasar una gran fortuna.Vigo lo reconoce con una céntrica calle en el barrio de Casablanca, que fue bautizada en su nombre el 27 de marzo de 1909, en el primer centenario de la Reconquista. VOTACIÓN 5 votosTal vez la mejor crónica autógrafa de la Reconquista nos la ofrece el propio alcalde de Vigo, Francisco Javier Váquez Varela, de quien este año se cumple el 200 aniversario de su muerte en 1818. Nacido en la villa el 8 de junio de 1754, contaba 55 años cuando tuvo que enfrentarse a la ocupación napoleónica, nada más ser elegido para el cargo. La corporación anterior fue destituida y encarcelada bajo la acusación de «afrancesamiento» y Vázquez Varela asumió el bastón de mando. Formado como jurista, llevó a gobernador francés, Antoine Chalot, hasta la desesperación con sus negociaciones y recursos sobre cada aspecto de la ocupación. Y conspiró para enviar armas, municiones y víveres a los campamentos de los rebeldes, mientras ocultaba los alimentos a las tropas francesas. En su relato, comienza Vázquez Varela elogiando «el valeroso esfuerzo de los naturales de este Reyno de Galicia» en la Reconquista de Vigo. Justifica primero la rendición en enero en 1809 por no poder combatir contra el poderoso ejército galo: «Nos vimos sorprendidos en la mañana del mismo treinta y uno de enero por una compañía de húsares en número de ciento trece hombres que intimó la rendición, y admitió el comandante bajo una capitulación que firmó por si mismo, teniendo ya en la plaza al Enemigo, a la que el día siguiente concurrieron mil doscientos hombres de Infantería francesa y a los tres días cuatrocientos cincuenta Dragones». Confirmado como alcalde, Vázquez Varela se propone dificultar el gobierno de Chalot: «Dediqué todos mis incesantes cuidados a contener los excesos de tan cruel enemigo para evitar la destrucción de este hermoso país». Y apoyó luego a los sublevados: «La fermentación de estos fieles naturales determinó sacudir tan insoportable yugo alarmándose el paisanaje de sus contornos por el celo y patriotismo de Don Joaquín Tenreiro, cuyo valeroso espíritu se extendió al asedio de la plaza, que empezó en el día catorce de marzo, y continuó en los siguientes, en términos de acercarse a ella hasta tiro de fusil, matándole mucha gente, infundiendo tanto terror en los titulados invencibles vencedores de Austerlitz y Gena, que solo tres paisanos hacían huir a los fuertes Dragones en número de dieciséis y más, obligándoles a encerrarse en la plaza y reduciéndolos a la mayor miseria». Vázquez Varela reconoce la ayuda británica a la Reconquista, reconociendo que el comandante Chalot se rendirá en la fragata Venus, ante los capitanes McKinley y Coutts Crawford, después de «tratar con los ingleses de dos fragatas de guerra que estaba a la vista, a cuya nación querían únicamente entregarse. En la tarde del 27 de marzo, la gente se arroja sobre las murallas de Vigo, al abrigo de la noche. Mientras “el paisanaje y tropa con el más vivo fuego sostuvieron vigorosamente el espacio de dos horas, tuvo efecto la honorífica capitulación, de entregar la plaza con toda su artillería, municiones, equipajes, armas y demás pertrechos, rindiendo sensible la pérdida de doce hombres muertos y treinta heridos con algunos otros más, en las anteriores acciones entre ellos el prudente valeroso y digno oficial Don Bernardo González, que recibió cuatro balazos de fusil en la arriesgada acción de estar por sí mismo rompiendo una de las puertas de la plaza». El acalde presume del éxito de los vigueses: «Nos queda empero la satisfacción de haberse abatido el orgullo enemigo que entregó mil doscientos trece prisioneros, treinta y nueve cañones de varios calibres, ciento siete cajones de cartuchos de fusil, cincuenta y siete quintales de pólvora con más municiones y fuegos artificiales, la caja militar con ciento diez y siete mil francos y todo el equipaje del Mariscal Soult que sirvió de premio a tan valientes Guerreros». «Noticiosos estos al tiempo de la entrega de los Enemigos y su embarque de que estaba ceca un refuerzo de seiscientos hombres fueron a su alcance, los batieron y persiguieron con tanto esfuerzo y denuedo hasta media legua de la plaza de Tuy, que solo lograron entrar en ella diez y seis, haciendo sesenta y dos prisioneros y siendo los restantes víctimas de estos valerosos paisanos», añade. Y se lamenta de la ruina en que ha quedado Vigo y su comarca tras la Reconquista: «La miseria que este Reyno con su consumo destructor y desolador; le hace carecer granos, vestuario, armas, municiones y dinero sólo el heroísmo generoso de S. M. la suprema Junta podrá suministrárselos». La carta la escribe Vázquez Varela cuando está preso, pues fue arrestado un tiempo al ser acusado de «afrancesado», cuando la realidad es que mientras fue alcalde luchó sin descanso para sabotear a los ocupantes. Más tarde sería restituido en su honor, con su nombramiento como Oidor de la Audiencia de Galicia. Y, en 1816, pasaría a ser Alcale de Casa y Corte de Madrid, al tiempo que Consejero del Real Supremo Tribunal de Hacienda, llegando a amasar una gran fortuna.Vigo lo reconoce con una céntrica calle en el barrio de Casablanca, que fue bautizada en su nombre el 27 de marzo de 1909, en el primer centenario de la Reconquista.
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