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REFLEXIONES

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Yo nunca he entendido a la gente; cuando nací, el hospital ya tenía unos cuantos años de experiencia -al menos siete- aunque todavía alguna gente paría en casa. Yo no, mis padres vivían en el siglo y fueron a parirme al hospital, como dios manda, con sus enfermeras, sus médicos, sus aparatos esterilizados y todas esas modernidades en las que otros no creían. Luego tenían ocho hijos y solo le sobrevivían tres. Pero allá cada uno, los condones eran pecado y el Opus mandaba procrear con la luz apagada y sin demasiado roce, para sacar en el NO-DO a la familia Peláez con catorce hijos vivos.

Pero algo debió de fallar, no sé, o me faltó oxígeno al nacer o me caí de la cuna o mi madre, cuando vio lo feo que era intentó estrangularme. -ella cuenta siempre que cuando mi padre me vio, y esto es totalmente cierto, dijo: "qué niño más feo hemos tenido"-. En eso no he mejorado mucho. 

El caso es que mi cerebro, fuera por lo que fuese, ya desde niño no funcionaba como los otros. Ni yo comprendía a la mayoría de la gente ni ellos me comprendían a mí. Puede ser que mis neuronas no estuvieran bien conectadas o que me faltara algún componente esencial, líquido cefalorraquídeo o algo.

Decidí que todo el mundo era imbécil y seguí mi vida, porque tampoco me iba a quedar pensando en eso todo el rato. El tiempo, al final, me ha dado la razón. No todo el mundo es imbécil, pero una gran mayoría, sí. No hay más que leer la prensa para darse uno cuenta; o ver la televisión; o incluso leer lo que se publica en Facebook o en cualquier otra red social. La gente piensa con esa parte donde la espalda pierde su santo nombre.

Mi abuelo siempre lo dijo: En este país le das a cualquier mindundi una gorra y ya se cree Franco. Y aquí se han repartido demasiadas gorras y se ha perdido la perspectiva y otras cosas más importantes.

Hala, a cascarla!

goytisolo4
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bosqueleiro2Llega el otoño y se acaban los escotes; y no me refiero al papel que anunciaba un estúpido perro, hablo de los escotes, esos que renacen en primavera, con las primeras flores y en los que te dejarías caer como en un precipicio sin fondo.

Pero un día retiraron las mesas
y... hasta otro verano.

Las mejores promesas son esas
que no hay que cumplir

y... "viajeros al tren, que nos vamos",
me dijo un milano,

"flaco, pórtate bien, au revoir,
buena suerte en París".
 
Esos escotes, esas piernas como autopistas de peaje, esas transparencias tras las que se adivinan hasta los órganos internos de quien las lleva. Se va el verano y se lleva con él las carnes tostadas, los hombros tersos, las uñas pintadas sobre unos tacones abiertos al cielo.

Porque siempre hubo clases y yo 
no doy bien de marido. 
Otra vez a perder un partido, 
sin tocar el balón. 

Porque el mundo es injusto, chaval, 
pero si me provocan 
yo también sé jugarme la boca, 
qué te voy a contar...
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19 de septiembre de 2017

No sé, y lo confieso avergonzado, de dónde sacan ustedes las ganas de vivir. Intento escribir y no vale la pena, lo dejo desmotivado y no es porque me falten temas sobre los que rajar. Antes escribía cuando todos se iban a la cama; ahora soy yo el primero en retirarme, y desde aquí, desde la cama donde estoy ahora, se me hace difícil expresarme con el móvil utilizando un solo dedo, porque me eternizo y me confundo y ni el corrector es capaz de arreglar mis desfeitas ortográficas.

Aburrido, quemado, un poco asustado por algún síntoma que no tenía, cerrado por derribo, cansado de todo y de todos, sin ganas de nada menos de ti...

Estos huesos que vuelven de la oficina
dentro de una gabardina
con manchas de soledad...

20 de septiembre de 2017

Como ayer pudieron comprobar, no debería de escribir desde la cama porque se me va un poco la olla y digo cosas de las que más tarde me arrepiento. No es bueno andar haciendo públicos ciertos sentimientos, y menos a esas horas, porque puede parecer que estoy a punto de tirarme por la ventana y no, solo son momentos -"esta sala de espera sin esperanza"- de desgana como los que tenemos todos.

Ya les expliqué -creo- que suelo escribir cuando todos están en la cama; tranquilo, la tele apagada, una luz suave... Ahora sin tabaco ni whisky, pero qué se le va a hacer, no se puede tener todo... Desde hace una temporada, como me aburre la tele y hasta el Face, me meto en la cama a ver Youtube en el móvil y lo de escribir lo voy dejando para el día siguiente, día que no llega nunca porque vuelve a pasar lo mismo.

Y con gente alrededor, hablando, haciendo ruido y a veces leyendo por encima del hombro, no hay dios que se inspire.

Esta semana la tengo un poco liada, hoy dentista, mañana reunión del ex-anpa y el viernes revisión de incapacidad. Esperemos que no me retiren o me rebajen la pensión, porque me follan vivo. Ya la mierda que me dan no me llega ni para el alquiler, solo faltaba que Feijoo se ponga a ahorrar a mi cuenta. Si les digo la verdad, no las tengo todas conmigo.

Ya les contaré. Buenas noches.

LEONfelipe2

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Tomate esta botella conmigo,
y en el ultimo trago nos vamos,
quiero ver a que sabe tu olvido,
sin poner en tus ojos mis manos,
esta noche no voy a rogarte,
esta noche te vas de de veras,
que difícil tener que dejarte,
sin que sienta que ya no me quieras,
nada me han enseñado los años,
siempre caigo en los mismos errores,
otra vez a brindar con extraños,
y a llorar por los mismos dolores.

Tomate esta botella conmigo,
y en el último trago me besas,
esperamos que no haya testigos,
por si acaso te diera vergüenza,
si algún día sin querer tropezamos,
no te agaches, ni me hables de lado,
simplemente la mano nos damos,
y después que murmure la gente,
nada me han enseñado los años,
siempre caigo en los mismos errores,
otra vez a brindar con extraños,
y a llorar por los mismos dolores,
tomate esta botella conmigo,
y en el ultimo trago nos vamos...

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Empiezan los colegios y, como todo sistema cerrado, la vida tiende al caos. Acostumbradas las niñas al relax del verano, ahora cuesta meterlas en la vereda de los horarios, de madrugar, de menos tele y más deberes, de las horripilantes compras de libros sin apenas ayudas, porque aunque algunos se los entreguen en el cole, el estado de conservación de la mayoría de ellos deja mucho que desear. No creo que ese sea el sistema a seguir, si el que estrenó el año pasado el libro, lo devolvió hecho -con perdón- una auténtica mierda, deberían obligarle a comprar uno nuevo.

Pero no hay control. Libros rotos, escritos, pintados, aquí todo vale para ahorrar -para ahorrar la Xunta, claro-. Y luego ponte a comprar bolígrafos y libretas y mil chorradas que luego pierden o les roban y hay que reponer durante el curso.

En fin, que además del mamoneo de no saber qué libros tienes que comprar porque no te dicen cuáles te van a entregar hasta que empiezan las clases, luego los cheques no cubren ni la mitad de los gastos. Y ropa y zapatos y zapatillas de deporte para gimnasia y un chandal...

Dejémoslo ahí, que esta semana ha sido buena y no me quiero amargar antes de tiempo.

evayyoEl martes conocía a Eva, Nikki o la nínfula de los cojones; llámesele por cualquiera de los tres nombres. Creo que entramos en contacto allá por el 2008 -año más o año menos- en un foro que yo administraba. Entraron, ella y Ana como dos elefantes en una cacharrería, montando pollos y poniéndome de los nervios, tanto que acabé expulsándolas. Quién iba a decir que luego nos haríamos amigos, ellas y alguna gente más.

Pasamos una tarde amena, entre acentos gallego y catalán, entre risas y recuerdos, anécdotas y la comodidad de tenerla delante como si la conociera de toda la vida. Y como ya dije cuando ella subió la única foto que nos hicimos y que hoy subo yo, es mucho más guapa en persona que en foto. Y más cercana y más divertida y más... todo.

Me quedan por conocer Paqui -Mireille, Miss-, y Ana -Lau-, que por todos los nombres atienden. Y aunque ya estuve con ellos una vez, tendrían que estar también Carlos y Solsol. Podría arder Troya otra vez.

Y ahí les dejo, que hoy entre que me hizo madrugar mi cuñado para ir a desayunar y que luego apenas eché siesta porque me fui a dar un paseo andando y a ver un poco de mundo, estoy cansado y creo que me voy a ir a la cama.
Tengan ustedes buenas noches.
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Hubo un tiempo en que creí que creía; en aquella época todos los colegios eran católicos por obligación, incluso los privados que no pertenecían a ninguna orden religiosa. Había que ir a misa una vez a la semana en horas de clase -solía ser el viernes-, hacer la primera comunión y aprenderse a fondo el Catecismo, so pena de recibir una colleja por cada respuesta errada.

Creí que creía por inmersión, porque fuera de aquello todo era el mal y el pecado, vivíamos rodeados de catolicismo en el colegio, en casa, en la televisión, en las fiestas dedicadas a cuántos santos había. Eso ocurría desde los tres o cuatro años, cuando todavía no eras capaz de discernir entre la realidad y la ficción. Si todo el mundo creía y te decía lo mismo, ¿Cómo podía no ser cierto?

Dios era como las matemáticas o como la química, no se podía ver pero estaba ahí. En todas partes, vigilándote, sabiendo qué pensabas en cada momento porque Dios estaba dentro de cada uno de nosotros. Habíamos nacido en pecado y nos sentíamos todo el tiempo culpables de no sabíamos qué; de tener malos pensamientos, de mirar a otras niñas, de pelearte en el patio sin poner la otra mejilla. De incumplir los mandamientos, de dejarnos llevar por la mitad de los pecados capitales...

catecismoY entonces había que confesar. Los hombres y los niños, de frente, las mujeres y las niñas por los laterales para evitar el contacto físico. El cura te hacía preguntas, así era más fácil porque solo tenías que asentir o negar. ¿Te has tocado, hijo?¿Has tocado a otros? ¿Miras con deseo a las niñas?¿Miras a tus hermanas o las tocas? A pesar de nuestra edad temprana y de que la mitad de las preguntas ni las entendíamos, hasta nosotros nos dábamos cuenta de que allí existía cierta obsesión con el sexo.

Luego, ya sin darle tanta importancia, venían las preguntas sobre palabrotas, blasfemias, malos pensamientos, falta de fe, peleas y un sinfín de temas que variaban de un cura a otro. Nos ponían una penitencia -rezar tantos padrenuestros, ir a misa tantos días seguidos, pedir perdón si habíamos ofendido a alguien- y nos íbamos en gracia de Dios con mucho cuidado de no pecar en los siguientes días, no fuésemos a estropearlo todo otra vez.

Vivir era una amargura contínua, un dolor innecesario para un niño tan pequeño. Para todos los niños que soportábamos aquella presión de culpabilidad sobre nosotros.

Nos arruinaron gran parte de la infancia y muchos, a pesar de seguir estudiando, de terminar carreras universitarias o de convertirse en científicos, jamás supieron sacudirse de encima la pesada losa de la religión. Otros tuvimos más suerte y tal vez por casualidad, dimos con otro camino en el momento en que fuimos capaces de pensar con racionalidad; nos informamos, supimos qué era el mundo, comparamos, nos hicimos miles de preguntas y llegamos a la conclusión de que, intelectualmente, habían abusado de nosotros. Jamás se lo perdonaré.

Lo malo es que cincuenta años más tarde nada ha cambiado; quizá el maquillaje bajo el que se esconde la misma cara, quizá las formas, un poco más sutiles pero igual de eficaces. La losa que nos aplastó a nosotros sigue aplastando a las siguientes generaciones y Dios sigue presente, no solo en las escuelas privadas y concertada, sino que también en las públicas.

Han quitado las fotos de las paredes, pero mantienen las ideas en sus pútridas cabezas. Dios sigue ahí.
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¡Pero qué ascazo me da la gente, qué ascazo! Ustedes no, ustedes están ahí y me leen y no me los cruzo en el ascensor ni meten el morro del coche en la rotonda para joderte; ustedes tampoco se cuelan delante de un cojo en la cola del súper, ni me empujan porque tienen prisa... Ustedes están ahí y cuando me voy a la cama los apago y dejan de formar parte de mi vida hasta el día siguiente.

pazo1.1Hacía bueno y salimos. Hacía bueno y fuimos al pazo Quiñones de León, que hacía años -muchos- que no pasaba por allí. El museo que ocupa el pazo guarda todo aquello histórico y representativo del pasado de la ciudad, pero el museo -son funcionarios, qué le vamos a hacer- abre solo por las mañanas, descansa los lunes y los sábados abre un par de horitas solo por la tarde.

Paseamos por los jardines, que tienen una parte en obras. Siempre hay algo en obras, en esta fiel, leal y valerosa ciudad nunca nada está terminado.

pazo3El título de "fiel, leal, valerosa y siempre benéfica" se considera así como oficial. Pero está mal -¡qué ascazo, pero qué ascazo me da la gente!- porque fiel y leal viene siendo lo mismo. Se ve que cuando la declararon leal, valerosa y siempre benéfica, deberían haber eliminado el fiel, que era substituido por el leal. Pero a alguien le debió de parecer poco y lo puso todo. Burro grande, ande o no ande.

El pazo en sus terrenos guarda muchos secretos, lo que pasa es que a nadie se le ocurrió señalizarlos como dios manda. Un pombal o palomar de piedra erigido sobre unas pequeñas rocas que no se sabe de qué año es. Bueno, a lo mejor se sabe pero no lo pone en ninguna parte. Un jardín inglés, un jardín francés -a mí me parecieron iguales-, una zona de plantas olorosas que no huele a nada y un muro de piedra de unos doscientos metros con un escudo de armas cada metro y medio o dos. Eso sí, ni uno solo indica a qué apellido o familia corresponde. De información parece que andan justitos y tampoco hay allí nadie que haga la función de guía. Si eres forastero y no te has informado por tu cuenta, no te enteras de nada.

pazo2Hay una cosa muy curiosa que casi nadie sabe. Al fondo del jardín, más allá del muro de los escudos, hay una balaustrada de piedra; solo está el balcón y las columnas que lo sujetan. Se trata de la balaustrada del pazo de Núñez, que estaba situado al otro extremo de la ciudad y en el que murió y pasó gran parte de su vida la gran Concepción Arenal. Cuando, después de su muerte se derribó el pazo, la balaustrada fue lo único que se salvó; y por alguna razón fue a parar a estos jardines. Pero como con todo lo demás, no hay nada que indique ni qué es ni por qué está allí.

En resumen, la tarde ha sido productiva, entretenida y sin demasiadas discusiones con las niñas, aunque no pararon de dejar claro que se aburrían y querían irse a casa. Me faltó ver el museo, pero ya iré un día por la mañana.

Les iré dejando fotos según las vaya revelando. Buenas noches.
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Son las últimas fotos del verano; ya los días se acortan y ni el sol se atreve a asomar por detrás de las nubes.

Septiembre no nos ha sorprendido, está siendo un septiembre de libro. Con su bochorno, su frío por la noche, con sus nubes a ratos demasiado largos, con sus puestas de sol de color naranja o amarillo o a veces blanco...

Son las últimas fotos de la playa, casi sin gente porque en septiembre solo cogen vacaciones los últimos de la fila, los que no pueden elegir porque son el último mono en la empresa; los que las pasan en casa o en el pueblo porque sus salarios son miserables y apenas llegan para dar de comer a los hijos.

Y yo me voy a dormir, porque hoy el día ha sido, digamos que poco alegre, y ya tengo ganas de que llegue mañana.

Buenas noches.
paseotoralla
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