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Martes, 19 Agosto 2014 22:12

Cosas

Cuando dejas las redes sociales pierdes promoción para las entradas del blog y los posibles lectores se quedan en cuatro amigos y algún que otro despistado que caiga aquí buscando sabe dios qué cosa. Asiduos debo de tener pocos, aunque también es verdad que nunca me he deslomado buscando seguidores y que escribo más por desahogo que por dar a conocer mis opiniones.

Sí, he dejado las redes sociales y ahora tengo más tiempo para... perder. Y aunque cada día se me ocurren cosas que decir y contar, me cuesta sentarme frente al teclado y ponerme a ello y lo voy dejando para esa hora que nunca llega. 

Ha pasado el verano, que empezó bien pero se convirtió pronto en dos visitas diarias al hospital que se llevaron el sol, el calor y esa sensación de no tener nada que hacer que otros años duraba hasta septiembre y de poder elegir cada día un destino, el parque, la playa, una siesta en el sofá, sin planificar nada hasta unos minutos antes de hacerlo, que es como mejor salen las cosas; dos visitas que lo condicionan todo y que convierten el resto del día en tiempo de espera, ya no vas a ninguna parte, comes, duermes y esperas que las matemáticas fallen y que esa pequeña posibilidad entre miles que las estadísticas dicen que está en alguna parte, se cumpla esta vez y no tengas que ir a un entierro que siempre te dio miedo. Aunque sepas que alguna vez llegará, aunque desees que tarde un poquito más. 

hospitalLa decadencia de septiembre ha llegado antes, como un aviso de que nada es evitable y de que los veranos solo duran el tiempo que tarda en llegar el otoño; por dentro ya no luce tanto el sol y se atisba ese olor a hojas secas y a frío de atardecer, los tonos se vuelven azules y por las mañanas amanece más despacio y con esa niebla húmeda que no te deja salir de la cama. Los hospitales son azules y huelen a frío y a metal y a sala de espera con las ventanas cerradas; dentro del hospital los relojes son un adorno y el tiempo no tiene el mismo significado para los enfermos que para los trabajadores ni corre a la misma velocidad. 

De una a dos y de siete a ocho, dos horas al día para ver a alguien para quien las otras veintidós no tienen significado, pasan entre pastillas y cambios de postura para no enquilosarse, entre oxígeno y sondas que rezuman podredumbres que el cuerpo expulsa lentamente; son horas en las que se alterna la agonía, el dolor, la rabia, la derrota, horas en las que se llora, se piensa, se sueña, se olvida... Horas entre la espera y la desesperación, se mejora lentamente pero se empeora en segundos, dos pasos hacia adelante y uno y medio hacia atrás, es vivir en un túnel obscuro en el que si aparece una luz no se sabe si es la salida o un tren que viene a arrollarnos. El día que entre lágrimas me dijo que no quería vivir más, salí de allí llorando. 

La agonía de sentirse enfermo, el miedo a que todo se tuerza todavía más se compensa, aunque solo sea un poco, con el cariño de las personas que cada día se encargan de hacerle la vida un poco más fácil a los enfermos. No conozco sus nombres, apenas tengo tiempo de memorizar sus caras porque cambian cada día, turnos, vacaciones, noches, descansos, pero siempre, absolutamente siempre, están ahí: Atentas a cualquier gesto de dolor, pendientes de que se sientan cómodos, de ahuecar esa almohada o de echarles una manta si tienen frío; de darles de beber, de cambiarles los pañales donde esconden sus miserias. A cada momento entran y sonriendo preguntan -¡Qué tal, princesa!- y comprueban que todo esté en su sitio o le aumentan la dosis de morfina porque tiene un poco de dolor, lo importante no es solo la curación, lo importante es el bienestar, a veces sentirse cuidado, sentirse querido, vale más que los sueros y los antibióticos. 

Y ellas lo saben hacer. Algo así no se paga con nada del mundo. Algo así no se hace solo porque sea su trabajo. Es mucho más. Si los ángeles existieran, estoy seguro de que serían ellas.

Las chicas de REA.

Jueves, 07 Agosto 2014 15:39

Las monjas y los curas primero

ebola

Mientras en África los afectados por el ébola se resignan a morir, el gobierno español en un alarde de solidaridad con los necesitados, se trae a casa al cura Miguel y a la monja Juliana en un intento de salvarles la vida. Se ve que para eso el Ministerio de Sanidad sí tiene pasta, será la que le han usurpado a los dependientes o a los enfermos de cáncer, abandonados a su suerte a cuenta de esta presunta crisis tan selectiva que deja morir a unos para salvar a los otros.  

Al cura Miguel y a la monja Juliana no sabemos si los han traido por españoles, por enfermos o por religiosos; por lo primero no parece que sea, la monja es guineana. Por lo segundo, tampoco, enfermos hay miles y al resto los han dejado allí tirados. ¿Será que algún chupacirios del ministerio ha movido ficha para poner en marcha todo este despliegue de medios públicos solo porque estos señores pertenecen a la santa iglesia católica?  

No entremos ya en los riesgos que conlleva traerse un virus tan peligroso a España; poner en peligro a toda la población por salvar a dos personas es una grave irresponsabilidad, pero tampoco se le puede pedir mucho más a las mentes pensantes que calientan sillones en la administración española. En Liberia, en Sierra Leona, los muertos alcanzan el millar y España mira para otro lado, qué más da unos cuantos negros más o menos, pensará el ministro, aquí lo que importa es salvar al cura, los curas tiene otro status, no son pobres anónimos de esos que hay tantos y que molestan y sobran. Cuantos más palmen allá, menos vendrán en pateras a ensuciar las calles y estorbar o a vender cedés piratas hundiendo a la industria discográfica. Pero al cura sí, al cura hay que traerlo y mover aviones, protocolos de seguridad, cientos de personas y material sanitario, si hace falta vaciamos el hospital y mandamos a los demás enfermos para casa, pero al cura hay que tratarlo a cuerpo de rey. Faltaría más, que igual se nos cabrea algún obispo.  

A las otras monjas, compañeras del cura Miguel, las han dejado allí. -¡Estábamos preparadas -decían-, estamos enfermas pero no nos han llevado!- Se han traido a Juliana, que parece que no tiene ni un catarro pero que debe tener más amigos que ellas pisando moqueta; al fin y al cabo es más fácil salvar a alguien que no tiene nada y si el cura palma, el ministro chupacirios podrá decir que la operación ha tenido un éxito del cincuenta por ciento. Algo es algo.  

En África caen los enfermos como pájaros y al gobierno, tan solidario él, no se le ocurre que lo humano y lo correcto es enviar allí a los médicos en lugar de traerse aquí a los enfermos; poner medios en el lugar de la epidemia que impidan que ésta se propague, paliar el sufrimiento de los enfermos, pagar con ese dineral que se han gastado en salvar al cura unas mínimas infraestructuras que minimicen los efectos del ébola. Salvar más vidas. O al menos intentarlo y no dejarlos morir sin hacer nada.  

Pero, claro, ¿A quién le importa esa gente? No son ciudadanos de primera.

Como el cura.  

Jueves, 29 Mayo 2014 17:00

Cuerpo de bruja

bruja4Creó sin saberlo un brebaje, una poción mágica que embrujaría a Warlock y le quitaría el sentido, todos los sentidos, el del tiempo, el sentido de la realidad, hasta el del ridículo, que no era el peor que había de perder ni el que más le haría sufrir; lo creó con su andar, su conversación y su amistad, sin intención e inconsciente de lo que hacía.
 
Mezcló sin darse cuenta una pizca de su mirada, el brillo de sus ojos, dos tercios de sonrisa, sus labios húmedos, la cercanía de su presencia, las formas de su pelo, el aroma que irradiaba por las mañanas; mezcló todo ello poco a poco, día a día, y Warlock, indefenso ante su belleza, se lo bebió de un trago con los ojos cerrados, quedando atrapado para siempre en aquel bello cuerpo de bruja...
Martes, 06 Mayo 2014 00:18

Warlock

barComo otras veces, Warlock se sentó a su lado en la barra del bar. Desde el viernes había estado pensando en verla, había escrito unos versos que luego tiró a la basura, también unos textos en prosa a las que puso otro nombre y que nadie reconocería como suyos. Se dirigieron algunas palabras, hace frío, va a llover, no da llegado el verano, y se hizo el distraído pasando las hojas del periódico sin leer nada mientras revolvía el café.
 
Eva cruzó las piernas, estaba espléndida esa mañana; llevaba una minifalda y Warlock podía ver sus piernas redondeadas y esbeltas a través de unas finas medias, las pequeñas venas de su pantorrilla, su postura femenina mientras hablaba. Pensó que podía tocarlas apenas extendiendo la mano unos centímetros, qué cerca estaba y qué lejos al mismo tiempo...
 
Acabó el café sin poder apartar su mirada de aquella belleza. Ya de pie, frente a ella, quedó absorto en la semitransparencia de su jersey ajustado, en las formas redondeadas que tanto le estaban provocando sin ella saberlo.
 
Pagó el café, se despidió como todos los días y se fue pensando si habría sabido disimular lo suficiente.
Lunes, 05 Mayo 2014 23:37

Solo un ratito...

Dame la mano. Lo sé, pero solo un ratito. Quiero sentir tu piel. Tu calor. Te prometo no hacer nada, no acariciarte, solo darte la mano. Mientras paseamos. No nos verá nadie, acércate, estamos solos. Te soltaré si alguien viene.
 
¿Ves el mar? Está impresionante, azul, maravilloso. Inmenso. Nunca me canso de mirarlo. Siempre vengo solo, me infunde paz, pero hoy quería compartirlo contigo. He compartido otras cosas, confidencias, pensamientos inconfesables, quería compartir también el mar. Nuestro mar. 
 
manos2El mar y tú. ¡He soñado tantas veces que me dabas la mano! Pasear junto a ti, solo pasear, en silencio, sin mirarnos. Sentirte a mi lado. Ver cómo llega la noche, cómo la luz se apaga despacito. Vamos a sentarnos, me apetece un cigarrillo. ¡No, no me sueltes! Yo te lo enciendo, acércate. Más cerca, un poquito más...
 
Apenas se ve, solo queda el sonido del mar y esa brisa fresca. Ponte mi chaqueta sobre los hombros, vas a tener frío. Siento tu piel caliente, tu mano húmeda ahora, temblorosa, en la obscuridad eres una sombra a mi lado. Adivino tus ojos, siento tus labios apenas a unos centímetros. Me da miedo acercarme...
 
Apriétame la mano. Prometo portarme bien.
 
Solo un ratito más...

Por qué Lo que yo decía...

plumaEmpecé este diario cuando me movía entre asociaciones de vendedores de prensa, hasta que la crisis me alejó del mercado laboral y me obligó a cerrar mi negocio. A pesar de ello decidí mantenerlo porque en algún lugar tenía que plasmar las inquietudes, las dudas y todas esas inevitables preguntas que siempre surgen acerca de mí y del mundo que me rodea.

Ahora, pasados los cincuenta y con la muerte en los talones, todo se ve de otra manera; y sin embargo hay que seguir ahí, soñando, porque por alguna razón todavía estamos vivos.

Siempre hay cosas que decir, siempre hay algo por lo que luchar...

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