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Estos días me estoy levantando tarde, muy tarde. Me siento vago, más que de costumbre, y sin ganas de nada menos de ti. Ayer me sacaron de la cama a las tres para comer.

No sé si esto es bueno o malo, si madrugo, antes del mediodía me vuelve a entrar el sueño y me quedo frito en el sofá. Los días se hacen demasiado largos si los pasas en vigilia, es como estar esperando siempre a que esa espada de Damocles que pende sobre mi cabeza, caiga en cualquier momento. Eso no es vivir. Al menos no es vivir tranquilo, aunque trate de obviarlo y los psicofármacos me alejen de los malos pensamientos. Pero a veces no puedes evitarlos.

He tenido sueños extraños que no les voy a contar porque, como otras veces, ni yo mismo los comprendo. Son raros, sin sentido, y en ellos se suceden escenarios y situaciones contrarias o incoherentes. Prefiero aquellos que entiendo o que vienen dados por lo que ha ocurrido durante el día. O cuando interfiere mi padre, por lo menos son más familiares.

El día está soleado, con un viento desagradable y frío; al sol se está bien, pero en cuanto coges una sombra estás deseando salir de ella. A pesar de todo lo anterior, de mi vagancia, de este tiempo mediopensionista, lo que no perdono son mis paseos. Una horita diaria por las tardes y luego un rato en la terraza del bar con la señora y las niñas. Necesito coger el coche e ir a algún otro lado, por aquí me cruzo siempre con la misma gente y me aburre ir saludando a unos y a otros.

Puestos a hablar de temas inconexos, mi muro del FB está más vacío que el desierto; solo veo pelusas cruzándolo, pero poca conversación interesante. Se ve que mucha crisis, pero aquí se ha ido de vacaciones hasta el cura.

Buenos días. Aquí aún no hemos comido.

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Tarde aburrida la de hoy, ya lo preveía después de comer; me fallan los dedos de la mano izquierda, así que tardaré un buen rato en escribir esto. No tengo prisa y así entreno un poco la mano siniestra.

faro.El General Franco nombrado Jefe del EstadoComo he dicho en otras ocasiones, no suelo ver las noticias en la televisión, hace tiempo que me desconecté porque cada canal parece que habla de un país diferente. Tampoco leo la prensa, estando toda en internet me parece superfluo gastar para leer las noticias del día anterior. Aunque en internet tampoco se pueda leer todo lo que publican en papel, es suficiente para estar más o menos al día. El periódico local, que lleva diez años de retraso respecto a los demás, solo permite leer los titulares y pretende que pagues por ver las noticias enteras. Eso ya lo intentaron los grandes hace una década y no funcionó; estos parece que no se han enterado.

De todas formas, no es precisamente el mejor periódico del mundo. En los quioscos se vende por las esquelas y los anuncios breves de ofertas de trabajo y de putas. Lo de las putas es otra cosa de la que todavía no se han enterado que ya no se lleva, ahora están todas en internet.

Lo que pasa en el mundo me llega por Twitter y Facebook principalmente. Siempre hay un enlace que te lleva a la noticia o a la fuente original, y si no, está Google.

Una de las cosas que me tiene confundido es lo que está sucediendo en Venezuela, que parece el folletín de moda y está en todas partes. Pero cuando trato de informarme para poder formar una opinión, me encuentro con que nadie me aclara quiénes son los buenos y quiénes los malos. ¿Ustedes se aclaran? Porque yo no.

Por una parte, Maduro no parece ser el mayor demócrata del mundo, ni su policía la más respetuosa. Sin embargo parece haber sido elegido más o menos democráticamente o eso se dice. Por otra parte, la oposición tampoco son unos angelitos; que tanto el papa, la UE o Rajoy se hayan puesto de su parte, me mosquea un poco. No son tampoco lo más honesto y defensor de los derechos democráticos del planeta.

Tampoco sé muy bien cómo funciona en Venezuela eso de la asamblea constituyente ni cuáles son las intenciones de unos y otros cuando la defienden o están en contra. Unos dicen que Maduro busca perpetuarse en el poder y los otros que la oposición desea subirse a la presidencia a golpe de calle, pero sin los votos ni los apoyos necesarios.

Y enmedio de todo unos nombran a la CIA otros a los rusos, Maduro relaciona al PP y la Gurtel con negocios petrolíferos, el PP la toma con Podemos y dice que quieren convertir España en una sucursal de Venezuela...

A estas alturas empiezo a sentirme un ignorante político. Tampoco es que me preocupe demasiado, los políticosy los medios mienten tanto que supongo que será imposible enterarse de lo que realmente ocurre. Quizá dentro de veinte o treinta años alguien nos lo cuente.

Me voy a comprar el HOLA.

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Pues sí, aquí había un blog. Estaba muerto de risa porque ahora escribo más en Facebook que aquí. Era una versión antigua de Joomla, desactualizada, así que intenté ponerla al día. 

Pero estoy desentrenado y me lo he cargado todo. 

En fin, no hay mal que por bien no venga. Ahora estaré entretenido configurando este nuevo Joomla, añadiéndole logos y fotos y nuevas reflexiones. Tardaré un tiempo, pero si no me muero antes, lo dejaré parecido al anterior. 

Hay que mirar hacia adelante. Hagamos cosas nuevas. 

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Estando meditando la otra tarde -anda, mira por dónde salen los gerundios perdidos- sobre esas cosas que medita la gente; la vida, la muerte, lo tontos que son algunos, lo inteligentes que somos otros, la imbecilidad humana, los que salen del armario, los que se quedan dentro... ya saben, esas cosas sobre las que se reflexiona en el retrete, cuando vino a mi mente la historia de mi tío-abuelo Saturnino al que solo conocí por fotos. Se la voy a contar a ustedes:

Saturnino nunca salió del armario por culpa de la guerra, de unas filloas y de un jamón en mal estado.

Corría el aciago año de 1.936; mi tío-abuelo Saturnino era, a la sazón, concejal del ayuntamiento de Albadalejo de Arriba, provincia de Lugo. Acérrimo comunista, republicano convencido, ateo y agricultor, Saturnino había saltado a la política para ver si desde el partido y el ayuntamiento, le daba un poco de vida a un pueblo ya en decadencia por aquellas fechas a causa de la emigración. Cuando el levantamiento del 18 de julio, el pueblo quedó en zona nacional, cosa que a Saturnino no le gustaba un pelo, pero tampoco podía hacer nada, así que decidió esperar a ver si aquello pasaba pronto.

Apareció por Albadalejos de Arriba, ya a mediados de agosto, un destacamento de la Guardia Civil con la orden expresa de limpiar el pueblo de rojos, masones, ateos y maleantes en general. La gente, asustada, se metió en sus casas y los guardiaciviles asaltaron la sede del partido comunista, cogieron la lista de afiliados y se dispusieron a fusilarlos por orden alfabético, que juzgar no los juzgaron, pero el orden era el orden. La primera noche cayeron los siete primeros y el cura del pueblo. Lo del cura fue un accidente, porque el muy imbécil se empeñó en confesar a los condenados cuando ya estaban atados a las estacas, se metió en medio y entre que vestía de negro y era de noche, no lo vieron y le pegaron cuatro tiros. A los guardias les dio igual, tampoco es que le tuvieran demasiada simpatía a los curas y uno más o menos no se iba a notar. Pero por si acaso, no dijeron nada y lo enterraron como a un rojo más. En la cuneta.

Ptas W.091DO 530Al no poder salir del pueblo, tomado por la Guardia Civil que seguía fusilando rojos, y viendo que en un par de días le iba a tocar a él, mi tío-abuelo Saturnino decidió esconderse en un armario grande que había en el salón. Como estaba de espaldas a la puerta, si no entrabas y te dabas la vuelta, no lo veías. Le metieron dentro un kilo de filloas, tres botellas de vino, un jamón serrano a medio curar y un cubo grande para que hiciera sus necesidades. “Tú métete ahí, que esto va a durar poco y ya te avisamos cuando puedas salir”, le dijo mi abuela. Y echaron la llave.

Al día siguiente lo vinieron a buscar, pero no lo encontraron. Hasta el final del verano se pasaban cada dos o tres días, registraban otra vez la casa pero nada, Saturnino no aparecía. Mi abuela de vez en cuando le daba unos golpecitos en el armario y Saturnino hacía lo mismo. Con la llegada del invierno las visitas se fueron espaciando, se ve que se estaba más calentito en el cuartel que buscando rojos por la nieve y también se fueron espaciando los golpecitos, hasta que un día Saturnino dejó de golpear.

- ¿Crees que le habrá pasado algo, tendrá hambre? -decía mi abuela a sus hermanos.

- No, mujer no, las filloas y el jamón dan para mucho. Será que sigue enfadado por haber quedado del lado nacional. Tú no te preocupes, que ya saldrá.

“Aquello”, como le llamaban a la guerra, no duró lo poco que pensaban. Cuando al fin, en el 39 la cosa se tranquilizó y la Guardia Civil se fue del pueblo, mi abuela fue a la Comandancia a ver cómo estaban las cosas.

- Saturnino Perales Murillo… Sí, aquí pone que a falta de pruebas que indiquen lo contrario, se le da por muerto o por huido a Francia al principio de la guerra.

Habían pasado tres años. Cuando mi abuela llegó a casa fue directa al armario a llamar a Saturnino.

- ¡Sal, Satur, que ya se acabó el lío y no te busca nadie! ¿Saturnino, me oyes? ¡Te estoy diciendo que ya puedes salir tranquilo!

Pero Saturnino, igual que los últimos años, optó por el silencio.

- Habrá que sacarlo de ahí -decía su sobrina.

- Tú déjalo, ya saldrá cuando quiera, ya sabes que es muy cabezón y no se fía de nadie.

- ¿Os acordáis -decía su hermano, mi tío-abuelo Carlos- lo mal que olía el armario un mes después de que lo metiéramos dentro?

- Bah, eso sería el jamón, que ya os advertí de que no estaba bien curado y cogería humedad. Y el cubo de las deposiciones. Ya visteis que al llegar el invierno dejó de oler.

Y con esto zanjaron la cuestión. Ya saldrá cuando quiera, decían. ¿Y si tiene hambre? Pues que grite y pida más filloas.

Pasaron los años; fallecieron los abuelos y toda su generación, pero la historia de Saturnino seguía viva y de nuestros padres, que en el 39 eran unos niños, pasó a nosotros, sus nietos, sobrino-nietos, primos-nietos, cuñados y demás familia. Saturnino seguía en el armario.

El asunto estaba tan vivo que, cuando en nochebuena se reunía toda la familia, siempre alguien sacaba el tema.

- ¿Y qué, abrimos este año el armario? -soltaba algún primo.

- Ya estamos con lo de todos los años. ¿Para qué quieres abrirlo? Cuando quiera salir ya avisará. Además la ropa que había dentro ya estará pasada de moda.

- ¿Lo seguirá buscando la Guardia Civil?

- Sí, el SEPRONA, porque del armario acaba de salir un bicho así de grande -dijo mi prima la Rompetechos.

- Eso es una cigala que se ha caído de la bandeja, cegata. A ver si te pones gafas de una vez.

- Si abrimos el armario, se muere -se le ocurrió decir a mi cuñado, el “Quimicefa”.

- ¿De qué coño hablas, qué es eso de que si abrimos el armario se muere?

- Pues eso, que se muere. El tío-abuelo Saturnino es como el gato de Schrödinger, ahora Saturnino está vivo y muerto a la vez, pero si abrimos el armario lo matamos.

- Tú ves demasiados documentales de la Dos. Estás enfermo. ¿Cómo va a estar vivo y muerto a la vez? Eres más tonto que un nabo.

- ¿Y si le ponemos en el armario una cruz y una lápida? -soltó mi hermano el beato, que iba para cura pero lo echaron del Seminario por hacerse pajas mientras rezaban el rosario-.

- Era comunista y ateo, la cruz te la voy a poner yo a ti en los cojones. Además, ¿Dónde has visto tú una lápida en un armario ropero? Para eso lo abrimos y lo enterramos como dios manda.

- Pero habría que dar muchas explicaciones, mejor dejadlo como está.

- No se puede abrir, que lo matam…

- ¡Me cago en Schrödinger y en su puta madre! ¿Te quieres callar ya con eso?

- ¿Entonces qué hacemos?

- Vosotros no sé, yo me voy de fiesta.

- Todos los años lo mismo, nosotros sin ponernos de acuerdo y el tío-abuelo sin salir del armario.

saturnino

- ¡Que ya saldrá cuando quiera, coño, no seáis pesados!

- Si cuando lo metieron tenía cuarenta años, ahora andará… -se pone mi tía a contar con los dedos- por los ciento veinte, más o menos.

- Pues a esa edad igual tiene alzheimer y no nos reconoce a ninguno.

- No nos puede reconocer, mamón, porque está en el armario desde antes de que naciéramos.

- ¿Crees que se le habrán terminado las filloas? -suelta mi hermana, que la pobre tiene menos luces que una bicicleta- ¿Le hacemos más?

- Lo que creo es que aunque seas mi hermana, eres gilipollas. Seguro que eres adoptada, sino no me lo explico.

- En fin, otro año que no nos ponemos de acuerdo. A ver si nuestros hijos algún día... Yo también me largo que tengo prisa.

Algunos se fueron de fiesta, más que nada por no comprometerse a abrir el armario. Entre todos los que quedamos se recogió la mesa, se fregaron los platos, se guardó la vajilla de las cenas navideñas. Hasta se recogió la cigala caída al suelo. Nos despedimos unos de otros como si nos quisiéramos y quedamos para la cena de nochebuena del año siguiente.

En la casa del pueblo ya no vive nadie. Solo la abrimos para reunirnos los veinticuatros de diciembre.

Saturnino, tío-abuelo de todos, rojo, republicano, ateo y agricultor; sin lápida ni cruz, con un kilo de filloas, enfermo de alzheimer, tres botellas de vino y un jamón mal curado sigue sin salir del armario que mi abuela cerró con llave en el 36. 

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Cuando no tengo tema y aún teniéndolo, creo que ya son conscientes de que casi solo sé hablar de mí. Vanitas vanitatum omnia vanitas. Y eso voy a hacer ahora.

Nunca he sido persona de tomar decisiones; la vida y los demás las han ido tomando siempre por mí. Tampoco me he propuesto nunca grandes metas. Fui un niño rebelde e inconsciente, sin interés en nada más que divertirme y dejarme llevar por el viento que más fuerte soplara en cada momento.

duarteTerminé la EGB con más pena que gloria y muchos números rojos en mis notas. Mis padres decidieron mandarme a hacer Formación Profesional, aunque tampoco es que hubiera más opciones. En lugar del instituto, que es a dónde yo quería ir, pensaron que era mejor un colegio de curas, a ver si me enderezaban e inculcaban en mí un poco de interés en el estudio. Los curas tenían un curioso sistema de discriminación. Tú elegías rama -yo elegí electrónica, que era lo que más me gustaba- pero ellos te hacían unos test que duraban tres días y te mandaban a la rama que les parecía mejor. A mí me tocó instalaciones y líneas eléctricas, eso de poner enchufes y bombillas, pero no era lo que me gustaba. Lo tomas o lo dejas y te vas a otro sitio. Y allí me quedé.

Aquello fue un fracaso estrepitoso. Los curas ponían más interés en los rezos y en las misas, que en enseñarte la profesión.Tras dos años de primer grado de FP y a pesar de mi esfuerzo, no pude pasar al segundo porque al de matemáticas se le metió entre los cuernos suspenderme con un cuatro y medio. Habiendo aprobado las demás asignaturas, no dejarme pasar de grado por una sola era ser un hijo de puta. No le odio porque ya se ha muerto.

Pasé un año en una academia de mecanografía porque mis padres no querían que estuviera a verlas venir; de paso que estudiaba matemáticas aprendía más cosas. Llegué a ser el que más pulsaciones daba escribiendo en una Olivetti ciega. Para lo único que me sirvió fue para, cuando llegó la era de los ordenadores, poder escribir cartas al mismo ritmo que me las dictaban. Tampoco es que fuera un gran mérito.

Me presenté por libre al examen de matemáticas y lo aprobé por misericordia. Luego dicen que no existen los milagros.

A estas alturas -andaba ya por los dieciséis años- seguía sin saber qué hacer de mi vida. No tenía aspiraciones y me importaba todo un carajo. Otra vez decidieron por mí, que me daba igual todo, y empecé, ya en el instituto, el segundo grado de FP. Tardé cuatro años en hacer tres cursos, que otra vez no acabé por una sola asignatura. Ya me habían llamado a filas y tras dos o tres prórrogas por estudios, decidí no pedir más y sacarme la mili de encima de una vez.

La vida seguía tomando las decisiones por mí. La mili -un mes en Vitoria y once en Burgos- daría para dos o tres filípicas como esta. Pero no se asusten no se la voy a contar ahora; a lo mejor no se la cuento nunca.

El resto, todo lo siguiente a mi vuelta a la vida civil, se lo contaré mañana; u otro día que esté inspirado. Por hoy creo que ya es suficiente y dudo que nadie soporte este tocho hasta el final.

Tengan ustedes buenas noches.

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20375925 331490107293419 552798324009854626 nCuando la tarde del 24 de diciembre de 1.961 a Franco se le ocurrió salir a cazar en los alrededores del pardo, tuvo la mala suerte de que le reventara la escopeta, rompiéndole un par de dedos. En el parte médico no se atrevieron a poner que había perdido "una falange", no los fueran a fusilar, porque el cachondeo iba a ser de órdago. Así que decidieron hablar de rotura abierta del segundo metacarpiano. 

El parte de Radio Nacional -el resto de emisoras tenía prohibido emitir noticias por su cuenta y estaban obligados a conectar con RNE-, empezaba con un "Estando cazando el Generalísimo..." Así, con dos gerundios que el que redactó la noticia se ve que le sobraban de algún discurso y aprovechó para poner allí, los dos juntitos.

"Estando cazando..." Hay que joderse.

Bueno, pues esa anécdota la recordé ayer mientras pensaba lo que iba a contarles hoy; a mí también me salían dos gerundios, pero, hay que joderse otra vez, porque recuerdo lo de Franco pero no tengo ni puta idea de lo que estaba pergeñando para darles hoy la barrila. 

"Volaba tal que así sobre los rascacielos,
que periodista audaz no compartió mis vuelos,
tal vez sea la edad, tal vez la kriptonita,
hoy vuelo en metro y ya... ni el pito me levita". (Krahe dixit).

Han sido dos días de campo, pero el campo es aburrido cuando no tienes coche y tampoco puedes caminar; está todo lleno de piedras, de tierra y los tullidos como yo o dormimos al sol o damos vueltas alrededor de la casa. Ni el ordenador saqué de la funda, con la depresión que me dió. Era como estar enjaulado. 

A ver si mañana recuerdo qué coño les iba a contar. De momento, buenas noches y que duerman bien.

"Tal vez sea la edad, tal vez la kriptonita..."

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